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Maribel Lugilde

Invisible Alice

Primer encuentro de profesionales asturianas del audiovisual: la deuda del sector con las mujeres

"Proyectábamos sobre una tela y muchas personas, incrédulas, querían mirar detrás" contaba la cineasta francesa Alice Guy, rememorando las primeras exhibiciones de sus películas, coincidentes en el tiempo con las de los hermanos Lumière, con la diferencia de que Guy quiso desde el principio narrar historias y los Lumière probar las posibilidades técnicas del invento. Ellos son considerados pioneros del cine. Ella, con un millar de cintas de guion y dirección propios, primera realizadora de ficción, figura en los manuales como secretaria de Léon Gaumont, otro nombre propio del séptimo arte, pero al cual Alice convenció para ampliar su negocio de fotografía al de la imagen en movimiento.

Guy intentó en sus últimos años reunir su legado, en parte destruido y en parte atribuido o apropiado por otros. Antes de que la demencia senil devorara sus recuerdos, escribió unas memorias que tardaron medio siglo en traducirse al castellano. Su talento y obra no sólo fueron condenados a la invisibilidad por ser mujer sino que, en un doble castigo, la tarea de rescatar su figura se tropieza con una realidad contundente: lleva demasiado tiempo fuera de la historia oficial. Llega tarde a su propio relato.

Una veintena de profesionales asturianas nos reunimos el pasado fin de semana en Colombres en el I Encuentro de Mujeres del Audiovisual, organizado por las realizadoras Celia Cervero y Ana Izarzugaza bajo la significativa denominación de "akelarre". Los datos siguen siendo elocuentes, un tercio de los profesionales del cine son mujeres, proporción que se va achicando conforme se escala en los puestos decisivos, según CIMA, asociación nacional de las profesionales.

Es una proporción muy parecida a la de matriculación en el centro de referencia de la formación audiovisual en Asturias, el CIFP de Comunicación, Imagen y Sonido de Langreo, y a la de inserción posterior en la vida profesional. En otras palabras, las chicas que aspiran a hacerse un nombre propio lo tienen más difícil que sus compañeros, sin que aparentemente haya ningún obstáculo visible que lo impida. Pero miremos tras la tela.

El mecanismo que renquea para dignificar a Alice Guy es el mismo que sigue alimentando estereotipos para con las mujeres ante y detrás de las cámaras: son secundarias en las tramas, en las tareas profesionales, la capacidad de contar, encontrar financiación o figurar en las secciones oficiales de los festivales.

El "akelarre" se cerró con la primera proyección en Asturias de la magnífica "Margarita y el lobo", de Celia Bartolomé, otro nombre propio del séptimo arte secuestrado por los censores franquistas y desdeñado después por la historia oficial. Triste e injusto ese olvido; dramática, la pérdida del talento. Lo que queda sin contar es irrecuperable. Perdemos todos. Así que, manos a la obra.

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