Las luces navideñas alumbraron ayer más de un mes de celebraciones en Gijón con una programación llena de actividades, especialmente, en la zona Centro. Serán las primeras fiestas sin ningún tipo de restricciones tras la pandemia, si bien en 2021 ya se pudieron disfrutar con bastante normalidad, y las últimas del actual mandato municipal, que apura sus últimos kilómetros camino a las urnas de mayo. Cuentan con dos novedades destacadas: un barco en el puerto deportivo que recogerá las cartas de los niños a los Reyes Magos y hará rutas por la costa local, y espectáculos visuales y sonoros varias veces al día en la plaza Mayor y la plaza del Instituto. El resto de la oferta es de sobra conocida: pista de hielo y atracciones en el "solarón", mercadillo y tiovivo en Begoña, espectáculos en el teatro Jovellanos y en el de la Laboral... y, por supuesto, la cabalgata de Reyes, que esta vez comenzará en Viesques para finalizar en los Jardines de la Reina. Se cae del cartel el jolgorio de la plaza Mayor en Nochevieja, ya cancelado anteriormente por el coronavirus. El cómputo global, a pesar de que no se ha producido un enorme ejercicio de innovación, puede considerarse positivo. Pero mejor ir por partes.

En el balance de cualquier Navidad pesan sobremanera dos elementos: la decoración de las calles y la cabalgata del 5 de enero. Sobre el segundo evento aún no se puede hacer análisis alguno, pero sí sobre la ornamentación instalada por la empresa Germán Vizcaíno. Y ya se puede hablar de éxito rotundo, tal y como se podía adivinar a medida que se iban colocando las distintas instalaciones. La enorme estrella ubicada en el Náutico, que ayer brilló por primera vez durante varias horas seguidas, se ha convertido sin duda en el icono de estas fiestas; las "letronas" del Campo Valdés serán un imán para las fotografías; los motivos gijoneses en algunos de los arcos suponen un gracioso guiño a la ciudad, y los ya citados espectáculos de luz y sonido, un atractivo más para los paseantes. Nada hay que reprochar a unas luces que iluminarán menos horas cada jornada debido al obligado ahorro energético.

Frente a este incontestable acierto, al gobierno local se le puede achacar una escasa originalidad, pero sin caer en exageraciones ni estridencias. Porque, al fin y al cabo, que los clásicos continúen es el reflejo de su aceptación popular y tampoco se le puede pedir a los programadores que descubran el Mediterráneo cada año. La propuesta festiva presentada por el Ayuntamiento satisface en lo general las dos vertientes de estas celebraciones, sin contar obviamente la religiosa: el ocio en familia o con amigos y el disfrute del espacio público.