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Filippo Priore

Por libre

Filippo Priore

Malos tiempos para la hostelería

Había esperanzas en que estas próximas Navidades, por fin sin restricciones, fueran un aliento de esperanza y un empujón económico para nuestro excelso sector hostelero, tras dos años marcados por el maldito coronavirus, que en algunos casos llevaron al cierre de insignes y modestos locales, sin distinciones.

Sin embargo, como informaba LA NUEVA ESPAÑA este domingo, nada más lejos de la realidad: los hosteleros, una vez más, como se indica en el artículo van a verse obligados a hacer encajes de bolillos (o reinventarse, tan de moda que está el término, que normalmente se aplica cuando las cosas no van bien).

Aquellas cenas copiosas, exageradas, cierto es, en algunas cosas, en los hogares, serán más modestas y ajustadas a las necesidades reales y las que se celebren fuera de los hogares, se mirará con lupa el menú y el precio de los platos y caldos con los que acompañarlos antes de pedir. Así que no será de extrañar que muchos hosteleros opten por menús cerrados de precio, plara que el cliente no tema por la cuenta cuando aún no ha abierto la botella de cava (mejor si es sidra asturiana), con la desear que el próximo año sea de una vez por todas mejor y nos traiga tranquilidad y estabilidad económica en lo personal, pero también en lo social, que al final todo influye.

No sé yo si será culpa también de Putin el que el marisco o nuestros más preciados e insuperables pescados, adquieran precios que ni el caviar y el champagne que el dictador degustará tranquilamente desde su salón (¡ahí le dé diarrea!), mientras las bombas siguen arrasando Ucrania. Pero tengo la impresión de que no cuela ya el discurso de marras, con el que hemos tragado que el combustible llegara a superar los dos euros el litro. Les reconozco que al llenar el depósito miraba hacia otro lado porque no se me cayeran las lágrimas.

Pero sin duda si hay un sector que solía hacer su agosto en estas próximas fechas ese es el de la hostelería, con la multitud de cenas y comidas de familia, de empresa o de amigos. Por desgracia seguirá siendo tiempo de vacas flacas y el y las personas seleccionarán mucho a cuáles acudir, cuando hace unos años, era impensable perderse siquiera una.

La hostelería ha sido golpeada sin compasión primero por el maldito virus y algunas medidas más que dudosas establecidas por un comité de expertos fantasma. Y ahora cuando el virus parece querer darnos una tregua, llega la crisis con una inflación que nos retrae a tiempos que algunos jamás habían vivido.

¿Dónde están las ayudas para esa reinvención? ¿Unos bonos desde el Consistorio para devaluar el producto? ¿Y desde el Gobierno Central y el Principado? Es muy sencillo pedirle a los demás que se reinvente, pero a base de poner en riesgo su patrimonio. Para eso francamente no hace falta un Ministro de Economía ni menos aún su pléyade de asesores, que a buen seguro, en estas Navidades, se darán un buen homenaje. ¿Alguien lo duda?

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