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Jesús del Campo

Manifiesto y tangana

Los movimientos de Sánchez que inquietan a algunos socialistas

Ha salido un manifiesto contra las políticas de Sánchez firmado, entre muchos, por gente que estuvo al frente de un ministerio con el PSOE. No llegará lejos esa protesta. Ha habido, dicho muy básicamente, dos habilidades en el tenaz comportamiento de nuestro hombre en Moncloa. Una es tildar de derechista a quien se le oponga; la otra, dar a entender que estas rabietas de ilustrados son cosa generacional, propia de gente que se quedó atrás y no tiene sus luces (las de Sánchez, presidente y escritor). Ambos razonamientos son grotescos, pero no es imposible que funcionen bien. Los mensajes humanos relacionan al emisor con el receptor; el sanchismo busca crear un estado de recepción que le favorezca y sabe alimentarlo. Pero no es eso el centro del asunto. Sí lo es comprobar quién en el PSOE pone cara de póquer y quién no; entre estos últimos hay que dividir entre quienes, tipo Lambán, mezclan con mejor o peor sintaxis protestas y lealtades (conmovedora la alusión a cómo nos habría ido con Javier Fernández al frente) y quienes, por estar menos atados a una responsabilidad u otra, sueltan lo que piensan.

Naturalmente, está en juego una desnaturalización de los modos socialdemócratas que forjaron al PSOE en favor de una política más ruidosa, más efectista y más faltona. El daño más inmediato de esa política actual es la percepción creciente de que los partidos (los honradísimos también) se mueven con una lógica empresarial. Las siglas luchan por su mercado como lo haría un fabricante de automóviles o una entidad bancaria; hay privilegios en el poder y, siendo accesibles a indocumentados, lo lógico es que los indocumentados se organicen. A medida que más gente vea que la repetición de determinados mantras va principalmente encaminada a la conservación de unos privilegios, la democracia misma entrará en fase de descrédito. A Sánchez eso le importa un rábano, desde luego, pero está cercana una cita electoral. Desde el poder nos van a amenazar con que viene el lobo, es posible que mucha gente muy enfadada conteste pues que venga, nos mentísteis y nuestra paciencia se colmó. Tuvo su gracia que, en un ayuntamiento muy cercano, haya sido posible desalojar a lo peor, pero esa coincidencia de intereses entre ciudadanos y partido puede no ser frecuente. Postizo como siempre, invocó Sánchez a Fernando de los Ríos para exhortarnos a la revolución del respeto; llamó indecente a su contrincante de la época poco después y estimuló desde entonces, con mucha cara dura y notable aprovechamiento, la marrullería parlamentaria. Y en esas estamos. No hay respeto y no lo va a haber de momento. La tangana se ha convertido en una de las bellas artes. Ay, Lambán, cuánta miga en ese asunto tan divertido. País.

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