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En el adiós a un hombre de mar

El mar es seña de identidad de la familia Alvargonzález desde hace generaciones, y esta ha contribuido - de forma decisiva- a que Gijón, y Asturias, sean una referencia en el mundo por su actividad marítima.

Cabeza de un sólido grupo empresarial que ha hecho del emprendimiento y el riesgo medido su principal razón de ser, Romualdo Alvargonzález concitaba en su persona la esencia del mismo. Discreto, austero y leal, sin duda su paso por la Armada –como varios de sus antepasados y, en especial su padre- colaboró a forjar la personalidad de quien formaba por derecho propio parte del mejor empresariado regional, con firmes raíces en nuestra tierra, pero también con vocación, plasmada en realidades muy tangibles, en otras, tanto en España como en distintos países.

Gijón, y muy en particular, su puerto es testigo privilegiado de ello. No solo por haber formado parte del Consejo de la Autoridad Portuaria en dos ocasiones, sino también por su constante compromiso con la actividad marítima en todos los ámbitos, en los que Alvargonzález ejerce un papel más que destacado desde hace décadas y en la que me gustaría destacar una de las más recientes, como es su decidido impulso al tráfico de mercancía contenerizada.

Con Romualdo Alvargonzález he coincidido las más de las veces, discrepado muy pocas y recibido su inteligente y leal opinión siempre.  Su obra y legado le sobrevivirá – estoy seguro – pero también que le echaré mucho, mucho, de menos.

Que el mar, que ha sido su vida, le acoja con la generosidad de la que se hizo acreedor.

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