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FIDEL GARCIA

El papa de Europa

La visión de Benedicto XVI sobre el Viejo Continente y sus valores

El Papa Benedicto XVI es, sin duda, el pensador más sólido y con una visión más global de la misión de Europa. El tema de Europa fue una de sus preferencias. Con audacia profética denunció los males que podían no solo desunir a Europa sino, incluso, acabar con su realidad moral y cultural tal como se constituyó desde sus inicios. Para el profundo teólogo, Europa debe volver a sus raíces: la filosofía griega, el derecho romano y el mensaje evangélico cristiano.

La Europa que siempre defendió no acabó en el mito de la Revolución Francesa contra la Edad Media, que siguen manteniendo los ideólogos de la secularización postcristiana, incluso anticristiana. El Papa sabía muy bien que la modernidad es un dimensión esencial e irrenunciable de Europa: la relativa separación de la Iglesia y el Estado, la libertad de conciencia, los Derechos Humanos y la responsabilidad de la razón en la búsqueda de la verdad, belleza y el bien. Un gran mal para Europa, siempre vio el Papa, en el drama del humanismo ateo, cuyos paradigmas más destructivos fueron el nazismo y el comunismo, que intentaron aniquilar toda la cultura secular europea, con revoluciones sangrientas.

Hoy, el sucedáneo de la religión es el relativismo moral del pensamiento débil, propio del cientifismo tecnológico positivista. Para Benedicto XVI, siempre fue muy necesario denunciar los intentos de las ideologías posthumanistas, la ideología de género y destruir los principios fundamentales que han conformada espiritualmente Europa. Es necesario mantener de modo firme el afianzamiento de la razón en el respeto a Dios y los valores más fundamentales del humanismo cristiano. Una sociedad europea, que renuncie a Dios, afirmaba el papa Benedicto, sería una sociedad posteuropea en la que todos los valores dependerían de la voluntad de los más poderosos, económica y militarmente. Europa desembocaría en la tiranía, después de haber sido desgarrada por la anarquía.

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