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Ana González

En agradecimiento

Cada 6 de enero es un inmenso regalo. Pocos días como el de Reyes para vivir la magia de dar y recibir, la gratitud y la ilusión por el don que se recibe como la mejor recompensa por la generosidad que se da.

Es una magia que funciona siempre, sin fallar jamás, cada año. En primer lugar, por supuesto, por la que derrochan Melchor, Gaspar y Baltasar, incluso mucho antes de poner pie en Gijón. Un hechizo que ya empieza a ejercer su influjo en los niños y las niñas según se acerca el 6 de enero y que aumenta en la larga cuenta atrás de los días previos a la llegada de Sus Majestades; que se palpa en las calles abarrotadas, en la animación en cada barrio de la ciudad, en las largas colas ante los mensajeros reales que han ido recogiendo deseos y peticiones en el Teatro Jovellanos y en todos los barrios de Gijón. Esa magia prodigiosa que hace que, haya venido el año como haya venido, la comitiva real llegue siempre puntual a la ciudad para disfrutar de un recibimiento que invariablemente está a la altura de su visita y para dejar en cada casa un testimonio de su paso.

A Sus Majestades hay que agradecerles siempre el entusiasmo y el cariño que demuestran en cada visita a Gijón; una alegría y un entusiasmo contagiosos que incluso hacen olvidar el esfuerzo que supone encarar una jornada larga y llena de actividades después de una travesía tan larga. Melchor, Gaspar, Baltasar: gracias por esa energía y ese afecto que no solo llegan a los niños y niñas sino que también consiguen que nos salga el niño y la niña que seguimos llevando dentro a cualquier edad. Se nota que queréis mucho a esta ciudad, y en justa correspondencia esta ciudad os quiere mucho. Que ese cariño os acompañe en el viaje de vuelta.

También hay que agradecerles a los Reyes que su primer regalo de este año fuese un día luminoso y templado, que permitió disfrutar a fondo de la estancia real en Gijón y darle todo el lucimiento que merece, desde el desembarco en el "Estrella de Oriente", en su recorrido por todos los barrios, hasta el final de una cabalgata especialmente lucida y multitudinaria, que congregó a miles y miles de personas a lo largo de su recorrido y que arrastró también a más de un millar de participantes en la comitiva que arropó a Melchor, Gaspar y Baltasar hasta el final del gran desfile por las calles de la ciudad.

Hay además una magia añadida, que no es la que proviene de unos Reyes y astrónomos de Oriente con ese don, sino la de personas comunes. Personas comunes que se ponen de acuerdo para conseguir algo tan difícil como una complicidad perfecta en nombre de una ilusión compartida. Los padres y madres, las familias al completo, los trabajadores y trabajadoras de los departamentos y servicios municipales que hacen que cada víspera de Reyes sea un día inolvidable en Gijón, los y las comerciantes que engalanan sus establecimientos y ponen sus artículos a disposición de Sus Majestades para que nadie se quede sin su presente cuando llega, por fin, el 6 de enero... Esa es, con permiso de Sus Majestades, parte de esa extraordinaria más extraordinaria magia de este día, de estos días. La que nos gustaría saque continuara presente cada día en nuestro concejo.

Por eso, mi petición a los Reyes Magos para este año es justamente esa: que dure la magia de una ciudad y de un concejo en el que todas y todos somos cómplices en una ilusión compartida. La ilusión de que consigamos cada día que vivir en ella sea el mejor de los regalos. Os doy las gracias por anticipado, porque estoy segura de que así será. Buen regreso y hasta el año que viene.

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