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FIDEL GARCIA

La fiesta de la Epifanía y la cabalgata de Gijón

Lope de Vega, en su grandiosa arcadia navideña "Pastores de Belén", pintó a los tres Reyes tradicionales con toda su majestad y solemnidad orientales: el rey anciano venerable, blancas canas, con su túnica bordada en oro y, sobre ella, un manto persa de brocado morado blanco; el segundo, con la barba negra, ojos verdes y hermosos, con manto azul, bordado con lirios blancos que le daban hermosa vista; y el tercero, un etíope de ojos vivos y manto blanco que resaltaba el color negro de su piel. A ellos, que buscan al Niño Dios, guiados por las estrellas, les advierte una voz misteriosa: "Reyes que venís por ellas/, no busquéis entre ellas ya/, porque donde el Sol está/ no tienen luz las estrellas".

Este viaje hacia Belén lo revive con pasión y emoción la cabalgata siguiendo una tradición genuinamente española. El relato histórico–teológico del Evangelio de San Mateo es uno de las pasajes más comentados y sobre el que se han vertido toda clase de ocurrencias y opiniones algunos totalmente descabelladas, desfiguradas y manipulados políticamente, materializadas en patéticas sucedáneos.

La histórica visita de los Sabios, la sitúa San Mateo, el evangelista que escribía para los judíos, que conocían las Escrituras Sagradas, poco tiempo después del Nacimiento de Jesús en Belén, como había anunciado el Profeta del Nacimiento, Isaías. Fue a partir del siglo V cuando los elementos legendarios, tal como aparecen en los evangelios apócrifos, fueron implementado los datos del evangelio canónico de San Mateo. Se pusieron nombres: Melchor, Gaspar y Baltasar, se les asignó una identidad racial: blanca, amarilla y negra; se les relacionó con regalos: oro, incienso y mirra... Comentando estos regalos de los Magos al Niño Dios, el Papa Benedicto (DEP) escribe en su interesante y documentado "La Infancia de Jesús": "La tradición de la Iglesia ha visto representados en los tres dones –con algunas variantes– tres aspectos del misterio de Cristo: el oro haría referencia a la realeza de Jesús; el incienso, al Hijo de Dios; y la mirra al misterio de su pasión.

La cabalgata de Gijón este año, por mucho que la quieran alabar sus responsables municipales, ha sido la antítesis total y sin sentido de lo que se supone es la fiesta de la Epifanía, protagonizada por los populares Magos de Oriente. El desfile, tanto en la forma como en fondo, ha sido un mero acto precarnavalesco.

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