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Alejandro Ortea

Varadero de Fomento

Alejandro Ortea

La carta

No basta con mandar una misiva a una ministra como niño a los Magos

La cabalgata de los Reyes Magos de nuestra jaranera villa marinera dicen que ha salido carnavalesca. Uno, que no ha asistido al desfile anual en esta edición, sí ha visto abundantes tomas televisivas, algunas en riguroso directo, y otras imágenes por las redes sociales, así como numerosas fotos en este periódico y, efectivamente, parece una caravana de carnestolendas, con plataformas que portaban grupos musicales con volumen a toda pastilla y toda la pesca. En Gijón, la cabalgata del 5 de enero siempre ha sido poco lucida por una cosa o por otra, aunque para el público a quien va dirigida, el infantil, es suficiente gracias a la ilusión que aporta la gente menuda. Podríamos decir, en este aspecto, que se trata de un abuso de la inocencia.

Lo de este año, en el fondo, responde a la pretensión de quitarle sacralidad al evento, pero los Magos de Oriente pertenecen a la tradición cristiana y, en España, ya llevamos unas cuantas décadas con la costumbre de estas manifestaciones de jolgorio infantil en forma de cabalgata que, año tras año, aquí o allá, algún programador pretende "modernizar". Papa Noel va vestido de colorado y lleva barbas blancas. Los Reyes Magos son tres: uno es negro, otro usa barbas blancas y otro pelirrojas. Suelen ir acompañados de unos séquitos que tienen aire oriental o romano antiguo, con pastores y algunos animales. Según el tamaño de la población, son más o menos vistosas y se logran efectos estéticos mejor o peor conseguidos. La de este año salió fea, muy fea; con elementos no tradicionales en un festejo que es pura tradición. A Papa Noel le suelen acompañar renos porque es la costumbre a partir de la leyenda y a nadie se le ocurre, para darle un toque moderno, acompañarlo de caballos pura sangre de carreras. Que aprendan los sucesores de estos reformadores la lección para la próxima edición y aquí todos tan contentos. El patinazo de este año no hay magia que lo arregle.

Otra con aires transformadores de los usos políticos es la declinante dama de Carbayonia que soportamos todavía como primera autoridad local. Ha patinado de nuevo, como tiene demostrado numerosas veces, al mandar una carta a la ministra de Transportes en reclamo de fondos para el nuevo vial que ha de conducir al puerto de El Musel. Bien está que por carta se exija a las altas instancias de la Administración General del Estado los dineros para una infraestructura que lleva lustros de retraso con graves molestias a la ya desesperada población de la zona Oeste. Pero no basta con mandar una carta: hay que moverse, irse a Madrid, llamar a las puertas de los despachos ministeriales y percutir sin descanso, mas con habilidad.

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