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Armando Nosti

El camino de blanquear el fascismo

Los episodios de Estados Unidos, Brasil en relación a España

Cuando Trump perdió las elecciones no reconoció su derrota y su discurso acabó en el asalto al Capitolio. Bolsonaro tampoco aceptó el resultado electoral y sus seguidores intentaron un golpe de estado invadiendo las sedes de los tres poderes.

Cuando el Partido Popular perdió las últimas elecciones, calificó al nuevo Gobierno de ilegítimo y al presidente de okupa, con Ciudadanos y Vox haciendo los coros. Lo hicieron machaconamente y sus medios afines y sus seguidistas repitieron el mantra hasta aburrir. La derecha no entiende lo de presentarse a unas elecciones y perderlas, y cuando las pierde, inventa cualquier argumento para rechazar el resultado.

Cuca Gamarra miente deliberadamente cuando contesta al mensaje de Pedro Sánchez en apoyo a Lula con un "Contigo, en España esto ahora es un simple desorden público...". Sabe que no es así, que lo sucedido en Brasil sería calificado como ataque a las instituciones o como rebelión, con penas de hasta veinticinco años. Lo sabe, claro que sí, pero no importa. También sabe que, a continuación, las redes sociales van a repetir su mentira y eso es lo que vale, ruido como argumento. No ha sido una opinión en caliente; al día siguiente, a preguntas de los periodistas, da la misma respuesta. Feijóo, cada día más perdido, habla en términos generales de lo mismo y el repescado portavoz electoral, que había dimitido porque todo estaba embarrado y él era muy moderadito, retuerce su primer discurso hasta decir la misma mentira procurando que no se note. Quien manda, manda.

Ahora cambian a "presidente cautivo", a "revancha de la Transición" o a "Gobierno intervenido", obviando que en el Gobierno de coalición todos tienen su cometido y todos lo cumplen. Si este es un Gobierno intervenido, habría que ver como se califica un gobierno como el de Castilla y León, donde Vox no tiene más competencias que cobrar por prestar sus votos y decir burradas, pero marca el camino a seguir por un presidente al que tiene en sus manos. Intervenidos estaban los gobiernos del PP, en manos del IBEX que marcaba sus políticas económicas, laborales, y, por si acaso, de orden público. Reconoce Feijóo que si necesita a Vox para gobernar no tendría problemas en pactar con ellos, él prefiere que no, pero si hay que ir, se va.

La deriva del PP hacia la ultraderecha, sus pactos con Vox, sus mentiras para desprestigiar al Gobierno, sus proclamas catastrofistas, todas ellas fallidas, sus viajes a Europa para "chivarse" de lo que aquí dicen que está pasando, el secuestro del poder judicial, la utilización de medios "independientes" de creación propia, la utilización de los muertos de ETA ignorando a los miles que están en las cunetas víctimas de "una riña entre abuelos", la relativización de la violencia machista, los mensajes de que todos son iguales o la utilización partidista de los símbolos que son de todos para tapar sus desmanes no hacen otra cosa que blanquear el fascismo, y eso puede tener consecuencias muy graves si lo aceptamos como normal.

Hitler no hubiera ganado unas elecciones si "la buena gente" no se hubiera mantenido al margen de lo que pasaba a diario; como aquí, como ahora.

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