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Jaime Torner

Contradicciones en China por el rebrote del covid

El coronavirus en el gigante asiático

Durante las Navidades, en China se ha producido una explosión de casos con covid–19, presuntamente generada por la variante BF.7 de Ómicron, colapsando su infraestructura sanitaria con una alarmante cifra de fallecidos que coincidía con el fin de la estrategia de covid–0, por temor del Gobierno chino a revueltas populares ante la dura restricción de movilidad ciudadana impuesta y previsibles pérdidas económicas. Considerando que los síntomas de la BF.7 son aparentemente leves y compatibles con las demás variantes de Ómicron, me pregunto: ¿Cómo puede explicar China semejantes contradicciones?

En primer lugar, la BF.7 es una de las múltiples variantes de Ómicron desarrollada por mutación de su predecesora BA.5, perdiendo aparente virulencia a cambio de mayor transmisibilidad (entre 2–3 veces) y cursando con un cuadro clínico similar (fiebre, tos, congestión nasal, cefalea, fatiga, dolor muscular); imitando más a un resfriado que una gripe (menos en algunos casos con notoria dificultad respiratoria (disnea) o neumonía); re–infectando a personas que hayan pasado la enfermedad o ya vacunadas porque, tras cada mutación, el covid se vuelve más resistente a las vacunas.

En segundo lugar, el Ministerio de Sanidad indica que la BF.7 todavía es una variante minoritaria en España y su incidencia aun no implica mayor mortalidad, a pesar de su mayor transmisibilidad con períodos de incubación más cortos.

En tercer lugar, según los expertos, el aumento de mortalidad depende de la aparición de nuevas cepas, con máxima virulencia ante las cuales no existan vacunas. De hecho, la gran densidad de población en China genera un magnífico "caldo de cultivo" para propiciar este incremento.

Dicho lo cual, esta crisis sanitaria china se atribuye a una variante del covid-19 con mayor morbilidad absoluta (por su transmisibilidad) y menor mortalidad relativa (al censo de población) pero, alternativamente, podría deberse a una nueva cepa del virus (covid–23) que se multiplicaría exponencialmente en una población vulnerable. Este dilema se resolvería con una mayor transparencia en los comunicados del Gobierno chino; especialmente cuando, desde el 8/1/2023, China ha abierto sus fronteras para aliviar su malestar social a costas de poder reactivar la pandemia a escala mundial. Consiguientemente, la Unión Europea (UE) pretende controlar el "espacio Shengen" exigiendo una (cuestionada) cartilla de vacunación china o, mejor aún, sistemáticas pruebas PCR efectuadas en punto de origen. Sin embargo, sería absurdo devolver a China quienes no aporten esa PCR; mientras, si resulta positiva, puedan acceder a la UE sin una preceptiva cuarentena.

En definitiva, el previsible Covid-23 puede traducirse en una pesadilla que amenace nuestra "nueva normalidad" si la UE (incluida España) no adopta enérgicas medidas conjuntas para evitarlo y reincide con errores cometidos al inicio del covid–19.

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