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Eduardo Viñuela

Crítica / Música

Eduardo Viñuela

Un Fito reposado

El formato acústico ofrece más matices a su repertorio

Volvió Fito a la ciudad y cosechó dos llenos, esta vez en el teatro de la Laboral. Sus incondicionales no dudan en acudir a la cita con el bilbaíno, y lo de menos es el recinto o el formato, ya sea en pabellones o en la versión más acústica y sosegada que ofreció este fin de semana. Este músico lleva una vida sobre el escenario y ha sabido asimilar el éxito con madurez e inteligencia, marcando los tiempos de su carrera y apostando por giras bien planificadas sin desgastarse en maratones veraniegos y festivales.

En esta ocasión, Fito vino con un concierto para escuchar; fueron contadas las veces en las que el público se puso de pie (ya en los bises), también en las que las palmas o los coros llegaron a consolidarse en el patio de butacas. La calma se respiraba desde la actitud cotidiana con la que toda la banda salió al alfombrado escenario. Siete músicos sobre las tablas echaron a andar un sonido pleno y elegante con reminiscencias de "Dire Straits" y el sello inconfundible de Fito y guitarra sincopada. El fraseo de las canciones, su forma de estilar y dividir los versos, su poética y su musicalidad lo hacen inconfundible en todos los terrenos, ya sea blues, rock and roll o jazz manouche. Destacó la presencia del dúo "Fetén Fetén", músicos versátiles (violín, serrucho, acordeón…), que se entendieron con los "Fitipaldis" a la perfección y permitieron que la banda sonara por momentos como un taraf zíngaro.

Fito supo aprovechar todos los recursos, transitó por estilos diversos, conjugó texturas con diferentes densidades, hizo crecer algunos temas de la sobriedad a la épica, y sólo las canciones más movidas se resintieron por una inevitable falta de contundencia. El bilbaíno suma y sigue, madurando, sin prisa, como un tequila reposado.

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