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La envidia siempre es mala consejera

Sobre López-Otín

Recientemente, LA NUEVA ESPAÑA informaba de la jubilación del profesor Carlos López-Otín como catedrático de la Universidad de Oviedo con un artículo del Alcalde de Oviedo, Alfredo Canteli, donde ensalzaba su perfil personal y científico, aunque calificaba esa jubilación de prematura debido al "inadecuado trato recibido en acorde a sus méritos de un reducido número de colegas, algunas instituciones o de la propia Universidad". Y también citaba una frase del cantautor norteamericano Jackson Brown: "La envidia es el homenaje que la mediocridad rinde al talento"; lo cual justifica cierta reflexión:

En primer lugar, el perfil científico de López Otín resulta incuestionable porque ha sentado cátedra sobre el envejecimiento celular, surgido por inestabilidad genómica y acortamiento de los "telómeros"; seguido de una respuesta inadecuada del organismo para reparar este daño, con escasa reserva de células progenitoras; siendo publicado su primer artículo en la prestigiosa revista norteamericana "Cell" (2013) y actualizado en el 2023 con otro junto investigadores de París, Colonia, Barcelona y Madrid; el cual ha sido distinguido por esa revista como uno de los mejores del año.

En segundo lugar, tampoco se cuestiona su perfil personal porque, aunque ofrezca una imagen de juventud, quien le conoce lo considera una persona amable, desinteresada y excelente compañero que, pudiendo destacar por su valía en los mejores centros de investigación y universidades del mundo, eligió quedarse en Oviedo.

En tercer lugar, llama la atención que López Otín se haya jubilado con 65 años porque, estando en la cresta de la ola científica, pudo haber prolongado su etapa investigadora; lo cual parece ratificar la presunción de envidias descrita anteriormente y "situaciones injustas a las que estuvo sometido los últimos años".

Dicho esto, ignoro más detalles al respecto pero, si así fuera, puedo entender el actual estado anímico de López-Otín porque, a menor escala, me sucedió algo muy parecido cuando, en 1991, pretendí traerme desde Londres para Asturias un ensayo clínico de "Prevención Farmacológica del Cáncer de Mama" (entonces pionero pero que hoy es parte de la asistencia médica rutinaria) y cierto relevante colega de la Sanidad Pública asturiana me espetó: "Quizás, no eres la persona adecuada para liderar el proyecto", insinuando que él sí lo era. Obviamente, antes de ser fagocitado y en mi condición de Investigador Principal del Ensayo Clínico, llevé el proyecto a Madrid donde recibí la mejor predisposición para realizarlo en el alcalaíno Hospital Príncipe de Asturias.

Resumiendo, se entiende la prematura jubilación de López-Otín si, para realizar su labor investigadora, ha debido afrontar tanto retos científicos como administrativos y del entorno personal; presuntamente, por ciertas envidias surgidas de la mediocridad y que siempre resultan malas consejeras.

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