Opinión

¿Participación en crisis?

Quizá debamos empezar por preguntarnos lo que significa participación, analizar la interpretación que cada persona hace de su definición. Para mí, la participación está muy ligada a la cohesión grupal, a la búsqueda de objetivos conjuntos, a la apuesta por los espacios compartidos y la intervención comunitaria.

En los últimos años, las asociaciones de Gijón, fundamentalmente las juveniles, además de sacar adelante muchos de los proyectos que sostienen la ciudad a nivel educativo, cultural, incluso emocional, se han visto batallando para aumentar la participación, han incentivado muchas y muy diversas acciones que la promoviesen. El gran esfuerzo no ha dado, de momento, todos los resultados esperados.

No queda otra que aceptar que la participación ha cambiado, vivimos en la era digital intentando recuperarnos de la devastación emocional que la crisis sanitaria del covid-19 supuso, especialmente para la gente joven, que pausó su interacción social en un momento vital en el que es necesaria. Hemos aprendido a relacionarnos a través de las TRIC (Tecnologías de la Relación, la Información y la Comunicación). Estamos en la época de la inmediatez, el posicionamiento en redes, el contenido que se crea, quién nos sigue, el refuerzo online es en lo que basamos nuestra validación social. La participación, ahora, es lo que ocurre cuando "clickamos" en el botón del "like", cuando compartimos algo. Este refuerzo online es lo que posibilita que se inicien otras acciones personales. Vivimos momentos en los que poner un tweet, subir una storie a Instagram equivale al activismo que, hasta hace no mucho, se hacía en las calles, y donde, por cierto, nos veíamos las caras, hablábamos, debatíamos, nos relacionábamos y, en definitiva, nos cuidamos.

Poco tiempo atrás no se hablaba de salud mental y la realidad es que no nos importaba el número de profesionales que hubiese en el Sistema de Salud porque buena parte del sostén emocional de la ciudadanía se realizaba gracias a la participación comunitaria. Pero ese régimen social quebró, nuestra sociedad es cada vez más individualista y eso afecta a las asociaciones en particular, y a la sociedad en su conjunto. Y no se malinterprete, soy de las primeras en reclamar una atención sanitaria de calidad dentro del sistema de Salud. Desde las asociaciones hemos sabido adaptarnos también a las nuevas demandas, apostando por la creación de contenido audiovisual, un espacio en el que visibilizar la actividad que se hace y sobre todo quién hay detrás de las entidades. Pero insistimos en la promoción de la participación física, compartiendo espacios, problemas y soluciones... El individualismo está haciendo que las partes fundamentales de una sociedad que no dejaba a nadie atrás, se fracture. Dejemos a un lado las redes sociales, los dispositivos móviles y volvamos a juntarnos, a debatir, repensemos el modelo de participación que queremos, y que necesitamos para avanzar en sociedad.

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