Opinión

Luis Antuña Maese

Sama

Un gran conversador, incansable en sus defensas dialécticas

"…y de pronto nos queda solo un año para irnos,

un mes, un día, y llega la muerte al calendario…".

Pablo Neruda

Me entero por una llamada de LA NUEVA ESPAÑA del fallecimiento de José Antonio Samaniego, miembro entrañable, desde hace más de dos décadas, de la Tertulia de los Viernes del Hotel Asturias a la que se incorporó de la mano de Fernando Canellada.

Sama, como le llamábamos cariñosamente, era uno de los grandes mantenedores de la comida de los viernes. Gran conversador, incansable en sus defensas dialécticas, con una gran formación académica que le convirtió en un intelectual cercano y ameno. Experto en arte, sus críticas sobre exposiciones o artistas iban más allá del análisis de la técnica pictórica, convirtiéndolas en un magnífico relato literario.

Los viajes con él por Asturias, suponían una riqueza añadida por sus conocimientos del prerrománico, del gótico, de las pinturas y frescos de nuestras capillas e iglesias, de sus sillerías... Leía la piedra, era un relator antiguo.

La diferencia de edad nunca supuso distancia entre nosotros, siempre fuimos un grupo heterogéneo de personas que encajaban unas con otras, viernes tras viernes, como si de las piezas de un puzle se tratase y Sama encajó desde el primer momento entre nosotros, creando unos lazos de amistad entrañables que han perdurado en el tiempo.

Una grave dolencia detectada hace escasos meses le abocó a dejar de acudir los viernes a "estar con los amigos", que era como a él gustaba llamar a estos efraternales ncuentros semanales. Fue una persona de convicciones religiosas y fe profundas, que seguro le habrán ayudado a acometer en calma y sosiego el difícil tránsito hacia el más allá. Descansa en paz, querido amigo, querido Sama.

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