Opinión | Palabras con silencios

El Papa de los pobres en el G7

"No te olvides de los pobres", le susurró el brasileño cardenal Humes, arzobispo de Sao Paulo, cuando Francisco fue elegido papa. Lo cumple con fidelidad y hasta con escándalo para muchos. Recibe por ello adjetivos descalificativos, "peronista" con el que es más insultado, aunque él mismo ha dicho que nunca votó al populista Perón. Soporta con templanza y hasta con humor estas campañas que organizan desde la misma Iglesia. Como San Pablo, tiene mejor acogida entre los gentiles. Le defiende la virtud de que no solo es hoy la principal y casi única "voz y grito de los pobres", sino que la practica y emite signos llamativos desde invitarlos a comer y preocuparse de sus derechos, hasta advertir del cambio climático que deja en pavorosa sequía y miseria a tantos países, invitando a toda la cristiandad a dar un giro más social y humanitario, y ser una iglesia "en salida" y no acorazada y puritana.

Acaba de publicar el mensaje de la Jornada Mundial de los Pobres, iniciada por él hace siete años. Se celebra el penúltimo domingo del año litúrgico. Pretende que los creyentes escuchemos su oración y tomemos conciencia de su presencia y necesidades, promoviendo iniciativas para su ayuda que muevan a muchos voluntarios "en una cultura que sacrifica la dignidad de las personas sobre el altar de los bienes materiales". La pobreza severa afecta a 800 millones personas en el mundo, a 12 en España. Es también uno de los objetivos de la ONU. Pero el problema y la indiferencia aumentan y la sensibilidad decrece.

"A Dios rogando y con el mazo dando". Francisco se reúne este fin de semana con el G7. Solía mandarles un mensaje llamando su atención sobre algún problema serio humanitario. El pasado año sobre el uso mortífero de las armas y su lanzamiento por los drones que las convierte en armas autónomas letales. Este año sorprendentemente ha sido invitado por la insólita presidenta italiana Meloni a participar asignándole una ponencia sobre la IA y la ética del diseño de los algoritmos, a la que él ha añadido "y la paz". Los algoritmos deciden hoy los objetivos militares. En el mensaje escribe: "La violencia provocada por las guerras evidencia la arrogancia de los poderosos… ¡Cuántos nuevos pobres causa esta política de las armas!". Su extraordinaria presencia de unas horas, en Borgo Egnazia, esa aldea de la costa adriática, donde dormir una noche son solo 2.500, la ven como una mayor entrada de la ética en la búsqueda de las soluciones, poniendo en el centro a la persona y considerarle un buen mediador para lograr los difíciles consensos entre personajes tan poderosos. El éxito está asegurado. Hay cola para las entrevistas personales solicitadas por los mandatarios con este papa que no tiene pelos en la lengua. Seguro que les habla de los muchos pobres de Ucrania y Gaza.

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