Opinión

Unas elecciones anulables

Comienzo este articulo a la salida del colegio electoral, con la sensación de que sea cual sea el resultado, será un resultado que en puridad democrática no debiera ser válido. Luego pienso que si esto fuera una democracia, no se hubieran adulterado las elecciones. Son elecciones europeas en las que no se habló para nada de Europa, de hecho, Feijóo presentó su programa la última semana, y en las que desde la precampaña hubo injerencias externas que fueron el único arma de Feijóo a lo largo de la campaña. Estas injerencias, con la apertura de unas diligencias contra la mujer de Pedro Sánchez, que se hinchaban a medida que perdían peso, alcanzaron el culmen cuando a cuatro días del domingo se cita a declarar a Begoña para el mes de julio, permitiendo a los doberman del partido popular continuar su maniobra orquestada, para pedir la dimisión del presidente, negando la presunción de inocencia, y tapando las vergüenzas de la pareja de Ayuso. Supongo que lo actuado por el juez es legal, pero ha monopolizado la campaña y choca con la costumbre y la decisión del Supremo que congeló en abril la sentencia por los recursos de la caja B del Partido Popular para no interferir en las sucesivas elecciones. Injerencia son los rezos en Ferraz y la prohibición de otras manifestaciones similares. Dar carta blanca a Vox para que escupa odio y llame cada día a cambiar el gobierno porque a ellos no les gusta, amenazando incluso con el enfrentamiento físico, es, más que una injerencia, un intento de golpe de estado.

Continúo cuando es lunes, ya conocemos los resultados, y el "billete diario" de Pedro de Silva en este periódico califica la campaña de fraude. Coincidimos, lo que me tranquiliza, por si me quedaba alguna duda.

El Partido Popular ha ganado las elecciones con nueve diputados más de los que tenía en las anteriores. Teniendo en cuenta que Ciudadanos tenía siete y ha desaparecido, el triunfo no da para tirar cohetes, aunque lo hagan. Con un 34,20% de los votos, supera en menos de dos puntos la suma de los porcentajes de ambos partidos en 2019, mientras la extrema derecha aumenta cinco diputados y un 8% en el número de votos. Deberían revisar los populares su estrategia de ser más ultras que los ultras para captar unos votos que parece tienen perdidos, pero les pueden producir una sangría importante entre votantes más moderados. Por su parte, el PSOE ha resistido el ataque judicial, político y mediático perdiendo un único diputado, y tiene tiempo hasta unas próximas elecciones, si no se ve obligado a adelantarlas, para recomponer su gobierno de coalición, cuyos socios salen muy malparados, volviéndolo a sus orígenes contando con Podemos, a quien debe sus mayores éxitos.

El título del artículo y las dudas sobre la validez de los resultados se debe a que en campaña se ha hablado exclusivamente de unos temas que en unos plazos no muy largos puede quedar demostrado que no se sostenían, y han sido determinantes para muchos ciudadanos a la hora de decidir su voto. Pero el resultado electoral, que ni así es bueno para los populares, no se moverá y habremos blanqueado un escalón más en la degradación de la democracia.

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