Opinión

Vuelta al ruedo

Feria taurina de Gijón, progreso de las sociedades y libertad de definición de ciudad

La feria taurina de Begoña vivirá este agosto el segundo año de su nueva era, la de su recuperación después de su abrupta prohibición en 2021. Era cuestión de signo político municipal que los toros regresaran a nuestra ciudad. Pero la evolución natural de las cosas, fruto del progreso de las sociedades, desembocará antes o después en su desaparición. Lo dicen todos los indicadores: asistencia a los cosos, municipios con espectáculos taurinos, avance de su supresión. Gijón va, en ese sentido, seamos conscientes, a la cola de los tiempos.

A la eliminación del Premio Nacional de Tauromaquia anunciada recientemente por el ministro de Cultura, Ernest Urtasun, puede ocurrirle lo mismo. Tal vez un cambio político en el gobierno de la nación propicie que el premio vuelva a convocarse. Pero estas oscilaciones se estrellarán finalmente con la naturaleza de las nuevas sociedades: espectáculos basados en la tortura animal tienen los días contados. Esto no significa que la tauromaquia no tenga a su alrededor un riquísimo universo cultural que haya que proteger. Literario, musical, pictórico... Son las corridas las que caminan hacia su ocaso.

Me he preguntado en muchas ocasiones si cabría la posibilidad de que esta tauromaquia superviviente se planteara hacer evolucionar el espectáculo a otro igual de vistoso y singular pero sin sufrimiento animal. Poner pragmatismo, modernidad, donde hay férrea ortodoxia. Pierdo la esperanza cuando constato que el debate se encalla en divagaciones pseudocientíficas que cuestionan el padecimiento del toro, dado que, por una suerte de derivación genética, su naturaleza asume la inmolación final en el coso.

La Junta General del Principado debate actualmente la reforma de la Ley de Espectáculos asturiana para prohibir el consumo del alcohol y la entrada de menores a las plazas, tal y como recomienda expresamente el Comité de los Derechos del Niño de la ONU. El asunto de la edad tiene calado por dos aspectos: la creación de nuevos públicos y la protección de la integridad moral de niñas y niños.

El taurino Fernando Fernández-Guerra discrepa de la ONU y defendió en la Junta la asistencia de menores a corridas. No hay noticias, vino a decir, de niños traumatizados por un espectáculo que, sí reconoció, es "sangriento" y "horroriza" a ciertas personas. Lo bueno, concluyó, es que tienen la libertad de no volver.

El asunto de la libertad lo mencionó el periodista Joaquín Manso, pregonero de la feria de 2024. Celebró la libertad de ir o no. Claro, a nadie se obliga. Pero ¿la libertad debe plantearse como la oportunidad de que los aficionados sigan disponiendo de su espectáculo "sangriento" o de definir qué tipo de ciudad queremos ser? Preguntémonoslo. Creo que en el Gijón que soñamos la tortura animal no tiene cabida.

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