Opinión

Tecnoexistencias

Arte millennial multimedia en Laboral Centro de Arte: la tecnología consciente

Quienes nos vimos alcanzados por la revolución de internet y tenemos memoria de un tiempo sin ordenadores ni móviles, acabaremos siendo abuelas y abuelos cebolleta de quienes van llegando. Esa primera fila menguante de veteranos condecorados en las celebraciones de Normandía que evocan un desembarco irreal, de videojuego, en una playa hoy pacífica y paradisíaca.

La generación Y, nacida desde los ochenta hasta mediados de los noventa, tiene media vida en el universo analógico y la otra media en el digital, cuyos hitos han ido recibiendo de forma consciente e incorporando a sus realidades. Sustituyendo viejas formas de hacer, estar, sentir, comunicarse, por las nuevas. Plagadas de sorpresas y también incertidumbres.

Visitar «Millennials, el arte multimedia de la Generación Y», en Laboral Centro de Arte, es, además de una excelente opción a cubierto en este arranque de verano climatológicamente revuelto, la constatación de que esa generación con hemisferios a sol y sombra ha tenido que hacer digestiones extra de los cambios.

Diecisiete artistas de nueve países integrados en el proyecto europeo de arte digital European Media Art Platform (EMAP) lo han expresado a través de once instalaciones que, cada una a su forma, cuestionan, instrumentalizan, reinterpretan, en suma, hacen consciente, la revolución tecnológica en nuestras vidas. Lo que hacemos con la tecnología, lo que la tecnología hace con nosotros. Y los ángulos muertos.

Por ejemplo, los «tecnomitos» frente a los misterios de fallas, funcionalidades u oportunidades de nuestros artilugios cotidianos: ¿nos espían nuestros propios móviles? ¿cómo burlarles con atajos? O lo «antinatural» de un brazo robótico que parece reptar a ras de suelo. Y una duda: si la inteligencia artificial es una mente sin cuerpo, ¿pueden entenderla los humanos que padecen el síndrome de Cotard y no sienten partes de su anatomía?

La tecnología como descubridora de lo invisible se presenta en obras como la que convierte los infrasonidos de una cascada de agua en una cortina de hilos vibrantes de fibra óptica. O la que recrea un espacio futurista en el que todas las especies animales estén intercomunicadas. U otra que ofrece la posibilidad de escuchar nuestra propia voz cambiada y hasta desprovista de género, hecho desconcertante que nos lleva a los límites de la construcción cultural de lo femenino versus lo masculino.

Las explotaciones colaterales de la tecnología también están presentes en la obra que destapa la precariedad laboral de los trabajadores invisibles del denominado Sur Global que segmentan imágenes para alimentar algoritmos que hagan más «inteligentes» ciertas marcas de automóviles.

En suma, una propuesta artística cuya visita es muy recomendable con el consejo añadido de, aquí sí, dejarse llevar sin reparos, para regresar luego mucho más conscientes a nuestras cotidianas y perpetuamente cambiantes tecnoexistencias.

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