Opinión | Varadero de Fomento

Semana Negra

Treinta y siete ediciones de un gran festival cultural

Para quienes se espantan sobre la fugacidad del tiempo, uno se complace en recordarles que estos días se está celebrando la trigésimo séptima edición de la Semana Negra de Gijón. Con noria, con cacharritos, con churros, con exposiciones, charlas y libros: la ya conocida vieja fórmula. Muchos de los asistentes de hoy no habían nacido cuando los primeros festivales y alguno conozco que nació con la primera y ahora ya es algo más que un hombre joven, es decir ya está hecho todo un paisano. La Negra ya es un clásico de Gijón y de Asturias, a imitación suya ya hay festivales similares repartidos por todos los continentes. Habiendo mantenido durante años una relación especial con el acontecimiento le produce a uno cada año un sentimiento especial, como el de reencontrarse con un viejo amigo. Fue una idea feliz, una coincidencia de voluntades de las que ya casi ni se acuerda y que la gran mayoría de los asistentes de ahora ni conocen ni les importa. Dejemos la constancia del afecto a este festival y deseémosle muchos años más.

Como caso del género policiaco, hemos disfrutado estos días del misterio del supuesto "ordenador oculto" en un armario consistorial. Que este hallazgo se haya convertido en cuestión noticiosa quiere decir que tenemos un gobierno municipal parlanchín necesitado de algunos acontecimientos sin relevancia para que echen un velo de ocultación sobre otros que sí son dignos de ser tratados en profundidad, como por ejemplo el palo del Tribunal de Cuentas a la primera autoridad. Lo del ordenador sólo ha servido, de momento, para desestabilizar a un probo empleado municipal. Lo de la alcaldesa ya es otra cosa. Lleva el tinte de las cosas muy feas. Así lo debe reconocer ella misma porque no deja que los concejales de la oposición le formulen preguntas. Es de suponer que ello quiere decir que no tiene explicaciones suficientes para proporcionar a la ciudadanía de esta villa marinera que, la verdad, ya no se asombra de nada, ni tan siquiera de lo que sucede con nuestro puerto.

Durante años, se hablaba de los tráficos cautivos de la instalación portuaria gijonesa. Bien, ya no los hay o han disminuido tanto que ya se ha esfumado la cautividad. Un antiguo presidente del Principado se refería al fenómeno como la "toneladona" muselina. De ahí que los directivos se esfuercen en la venta de terrenos. De un puerto granelero, hemos pasado al de casi la nada. Durante lo que muchos advirtieron durante años, se está consumado y la APG se está convirtiendo en un proveedor de suelo, industrial o deportivo, no importa. Y el Principado sin dar muestras de preocupación, como en San Esteban de Pravia.

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