Opinión

La vía gijonesa

Dar forma al plan contando con cabezas bien amuebladas para que no sean solo mudanzas

Había deseado uno que la vía gijonesa fuese machadiana, con mayor recorrido como idea para hacer camino, sin que ello desconsidere lo histórico, que siempre hay que poner en valor conservándolo, divulgándolo, etcétera. Pero nuestro atrás patrimonial fue construcción presente en su día, y de igual modo, una parte de lo que podamos crear hoy será historia nuestra en el futuro, lo que significa, para no caer en contradicción, que deberíamos comunicar la vertiente conservadora con la promotora en la que irá cristalizando lo actual.

La vía gijonesa se constata ya en el edificio de Tabacalera como una recepción de mudanzas de otros equipamientos, del Museo Nicanor Piñole y de las oficinas de la Fundación Municipal de Cultura. La vía, literalmente, en principio es para los camiones de mudanzas, y parece que nada añade como enriquecimiento en favor de lo artístico, salvo que nos digan algo nuevo que ahora podemos ignorar. En cualquier caso, si nos preguntamos qué queremos y para qué, no deberíamos confundir lo que corresponde al arte con las derivas que políticamente se suelen poner por delante de él. Un ejemplo: no negamos el interés para la ciudad del turismo cultural, pero lo cierto es que ningún artista crea pensando en el turismo. El Turismo Art no existe como movimiento artístico.

Dentro de los planes municipales también se encuentra la residencia para artistas en el Palacio de San Andrés de Cornellana de Contrueces, que ya está funcionando, pero no debemos olvidar que en Gijón ya tenemos lo mismo desde hace tiempo en Laboral Centro de Arte, donde el Ayuntamiento gijonés viene haciendo sus aportaciones económicas.

Si se quiere apoyar la creación artística, podemos preguntarnos por qué no se aplica el 1% cultural, obligado por ley, al menos en teoría, con lo que se conseguiría que el gremio de artistas pudiera desarrollar proyectos en favor de la sociedad con un destino de lo creado y la consiguiente remuneración, tan legítima como los sueldos de cualquier político o gestor.

A la vía de esta mudanza le falta el nombramiento de una dirección artística para conseguir un programa expositivo que forme parte de los circuitos artísticos con mayor calado, pero no sabemos si como integración en ellos o aportando algún calado propio.

Valoramos la rima inicial de la alcaldesa, de decisión y ambición, y podemos entender justificaciones de la múltiple mudanza, sobre todo la de los fondos asfixiados del Museo Casa Natal de Jovellanos, pero seguimos pensando que la ambición de la vía, partiendo de qué se quiere, y razonando ese qué de forma comparativa con lo que ya se encuentra en la mayoría de los diferentes centros artísticos de fuera, debería encontrar un sustento conceptual más allá de la adaptación a lo que domina, con una puesta en valor del arte frente a los retos de hoy.

Para darle forma a esa puesta en valor, no estaría mal contar con cabezas bien amuebladas de diferentes ámbitos: historiadores, filósofos, sociólogos, científicos, expertos en tecnología, críticos de arte… Pensar solo desde la política, aún incluyendo su legitimidad y valor, puede ser también una forma de pensar muy sola para lo colectivo. Desde la prehistoria, arte y vida van de la mano con ida y vuelta, y en lo que despierta y abre el arte mismo, si creemos en él, se puede encontrar el nexo de lo importante para la colectividad antes de las derivas.

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