Opinión
El Solarón: entre la especulación y el derecho a una ciudad más verde
Las infraestructuras y los espacios verdes son un derecho para las personas
La historia del Solarón y del plan de vías en Gijón/Xixón es un reflejo de las contradicciones y promesas incumplidas que han marcado la política urbanística de la ciudad en las últimas décadas. Lo que inicialmente se concibió como un ambicioso proyecto de integración ferroviaria, ha terminado convertido en un escenario de tensas disputas entre las diferentes administraciones, los partidos políticos y los intereses inmobiliarios. Entretanto, el modesto espacio ganado para la ciudad ha permitido la creciente demanda ciudadana de crear un gran pulmón verde en el centro urbano.
El debate actual sobre el destino del Solarón deja en evidencia una verdad incómoda: la prioridad de los poderes públicos no parece ser el bienestar de la ciudadanía, sino los intereses especulativos de las grandes constructoras. El anuncio que contemplaba un gran parque urbano, también dejó la puerta abierta a nuevas edificaciones bajo el ambiguo concepto de "reducción al mínimo posible". Esta ambigüedad es la que nos preocupaba a los colectivos ciudadanos que llevamos años luchando por transformar ese espacio en una verdadera zona verde y que hoy, con este proyecto sobre la mesa, demuestra que dichas preocupaciones no eran infundadas.
El problema no es sólo urbanístico, sino también social y ambiental. Gijón/Xixón no necesita más viviendas de lujo que acaben como segundas residencias o apartamentos turísticos inaccesibles para la mayoría de la población, la ciudad cuenta con más de 8.300 viviendas vacías, según datos del INE, mientras que los precios de los alquileres siguen aumentando y la población residente sufrimos las consecuencias de una creciente turistificación. ¿Por qué insistir en seguir construyendo cuando hay una necesidad evidente de equilibrar el desarrollo urbano con espacios verdes que mejoren la calidad de vida?
Pueden repetir el mantra todo lo que quieran: "será el parque más grande después de Los Pericones". Sin embargo, la gente no es tonta, y cualquiera que observe las infografías que circulan en los medios de comunicación podrá formarse una idea del espacio verde que realmente quedará. No hay diferencia alguna con el plan de 2019, más allá de una simple recolocación de los edificios, con el fin de que el espacio verde que quede esté, al menos, unido y dé la impresión de ser más extenso. En lugar de un gran parque abierto, accesible y conectado con Moreda, lo aprobado reduce la idea original a un "estrecho paseo" rodeado de edificaciones.
Hay que denunciar también la falta de transparencia en el proceso de toma de decisiones y la exclusión de la mayoría social de un proyecto que transformará el centro de la ciudad. La participación ciudadana ha sido ignorada, parece que no es posible decidir democráticamente el futuro de los espacios urbanos, pero no podemos olvidar que el gobierno municipal ganó unas elecciones prometiendo un gran parque en el Solaron, si cambia de opinión, debe someterse a consulta.
Las decisiones que se tomen marcarán el modelo de ciudad que queremos para el futuro. En tiempos de creciente sensibilidad ambiental y con los impactos del cambio climático cada vez más evidentes, resulta inadmisible seguir apostando por un modelo especulativo basado en el ladrillo y la privatización del suelo público. Gijón/Xixón no puede permitirse perder la oportunidad de crear un gran parque urbano que funcione como un verdadero pulmón verde para una ciudad ya castigada por la contaminación.
Las infraestructuras y los espacios verdes son un derecho para las personas y una obligación de cualquier administración. No se puede aceptar el chantaje de que la modernización de la movilidad en Gijón/Xixón dependa de la venta de suelo público. La ciudad merece ambas cosas: una estación intermodal y un parque urbano decente. La pregunta es si los responsables políticos están dispuestos a cumplir con sus compromisos o si, una vez más, permitirán que los intereses privados prevalezcan sobre las necesidades colectivas. Gijón/Xixón debe decidir qué ciudad quiere ser en el futuro y la ciudadanía tenemos derecho a que esa decisión no la tomen unos pocos.
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