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Honores merecidos

Mientras "algo huele a podrido en Dinamarca" (William Shakespeare dixit), el calendario avanza imparable hacia las celebraciones estivales. Es esta una semana repleta de acontecimientos religiosos. Se abrió con un Corpus, que en Gijón parece ir a más, para pasar al santo bautista: San Juan y sus costumbres locales de hogueras y enramados de fuentes. Era tradicionalmente también la fecha de bendición de las aguas de la bahía, dando el pistoletazo de salida a la temporada de baños. Hasta el que el ocurrente don Boni, anterior párroco de San Pedro, la fusionó con la festividad de este último buscando darle más brillo. El viernes será el turno del Sagrado Corazón, titular de nuestra grandiosa basílica. Y terminará la semana con la fiesta, el domingo, del patrono local: "a quien Dios se la dé, San Pedro se la bendiga".

Tras la función religiosa matinal y bendición de las aguas, en la parroquia mayor, vendrá en la tarde la tradicional entrega anual de honores y distinciones municipales, en el teatro Jovellanos. Hubo tiempos, no muy lejanos, en que su otorgamiento se prestaba a un sonrojante intercambio de cromos entre las fuerzas políticas locales, que buscaban loar e incensar a sus respectivos santones y allegados. La práctica llevó a rocambolescas situaciones, cómo las de una derecha local que tragó carros y carretas, apoyando discutibles distinciones, con tal de aupar a los laureles a alguno de los suyos. No pasando mucho tiempo las circunstancias obligaron a retirar los honores al aupado, mientras el sapo tragado a babor se quedaba para siempre en el cuadro de honor. Parece más aconsejable pues, cómo se hace ahora, buscar un mínimo consenso o mayorías, antes que prestarse a aquellos cambalaches.

Sin desmerecer al resto de distinguidos, este año debe destacarse el máximo reconocimiento, como medalla de oro de la villa, otorgado a la más que centenaria Asociación Gijonesa de Caridad, conocida popularmente como cocina económica. Una iniciativa de asistencia social surgida en el seno de la sociedad civil gijonesa, y más concretamente en su comunidad católica, que lleva más de un siglo amparando desinteresadamente a los más necesitados. Muy vinculada a las Hijas de la Caridad, que fueron siempre un puntal esencial en su funcionamiento; con el apoyo generoso, eso sí, de gran número de gijoneses. Entre sus fundadores estuvo el político y filántropo gijonés Donato Argüelles. Y en su etapa más reciente ha destacado el trabajo e implicación de sus últimos presidentes: Luis Adaro, Pedro González Fuentes y Luis Torres.

Merecida distinción en la ya cercana festividad de San Pedro, que viene a reconocer el trabajo realizado de forma callada por tantos de nuestros convecinos a lo largo de las décadas pasadas; y nos llama también, a los gijoneses de hoy y mañana, a comprometernos con el futuro de esta benemérita institución local.

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