Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Opinión

Salpicaduras

Cuando las formas de comunicarse eran pocas y simples, no había riesgo de que un mensaje desafortunado en una red social sentenciara una candidatura al Oscar o -acaba de ocurrir- un diálogo perdido en el tiempo de un presidente autonómico con una seguidora a través del área privada de su perfil de Instagram, vuelva al presente y sea de universal lectura, transcrito o en capturas de pantalla, emoticonos incluidos.

Le ha pasado al presidente del Principado, Adrián Barbón, activo en redes sociales, consciente de su potencial comunicador. La exmilitante socialista gijonesa Claudia Montes, vinculada en su momento al exministro José Luis Ábalos y por ello compareciente en la comisión de investigación abierta en el Senado, ha afirmado ser testigo de corruptelas durante su trabajo en la empresa Logirail. Y asegura que lo dijo a dirigentes territoriales en encuentros y diálogos, sin que estos le dieran importancia. Citado Barbón, aseguró no conocer a Montes. Y entonces ella sacó los pantallazos.

Pues sí, diálogo hubo. Entiendo que le falló la memoria a Barbón, porque es evidente que, si algo hay, sale; negarlo sólo empeora las cosas. Lo que no las empeora es la respuesta que –también queda acreditado– le da el presidente: que se dirija a la Fiscalía y comunique allí lo que sepa y tenga. Eso sí que no llegó a hacerlo la gijonesa. Relatos concretos y pruebas, de haberlos, no se han compartido.

Sí el descorazonador relato de la presunta trama de corrupción alrededor de las figuras de Ábalos, Santos Cerdán y Koldo García, que ha arrojado episodios de inmoralidad sonrojante. Montes aparece vinculada a Ábalos, tal vez a partir de los primeros desembarcos triunfales de éste en Asturias como ministro de Fomento. Recuerdo la estampa de él, ante la casa consistorial gijonesa, tomando posesión del equipo de sonido que habían traído vecinos de la zona Oeste para reclamar una solución definitiva al plan de vías. Micro en mano, razonó, prometió y marchó triunfal. Aquí seguimos. Pero ésa es otra historia.

El caso es que la tremenda trama tiene carga de profundidad y salpica. Ser mencionado en ella, directa o indirectamente, es inquietante y, según las circunstancias, inasumible. Puedo imaginarme, por poner un ejemplo, el estremecimiento de Luis Manuel Flórez, "Floro", retirado ya de la vida política, al ser citado por Montes en el Senado dentro de este enredo. Por cierto, en la memoria de la compareciente, fue alcalde de Gijón. Si no fuera triste, tiene hasta guasa.

Porque es bien triste que éstas y otras salpicaduras de inmundicia ocupen nuestros días. Sembrando inquietud, entre la verdad y el infundio, arrastrándonos a creer o descreer. Y dejando un poso de sospecha sobre quienes están ahí para resolver nuestros problemas. Unos pocos vienen corrompidos o se corrompen por el camino, es un hecho. Pero otros muchos, no.

Suscríbete para seguir leyendo

Tracking Pixel Contents