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Opinión | Notas en la butaca

Gijón

Potente surrealismo que no pisa el freno

De un cineasta desafiante en inquietudes y retos como Lluís Miñarro es lógico esperar propuestas ilógicas. Dicho sea como de elogio. "Emergency exit" no oculta que por encima de su hombro hay miradas superiores. Luis Buñuel, por ejemplo. Palabras mayores. El fantasma de la libertad absoluta que recorre "El ángel exterminador" viaja (animal simbólico incluido, beeeeee) en un autobús lleno de gentes extrañas, estrafalarias en algunos casos y conmovedoras en otros. O ambas cosas, llegado el caso. No hay argumento que valga, pues lo que cuenta es dejarse llevar por una imaginación y una imaginería en constante sobresalto, como si el guión hubiera sido escrito al recorrer una carretera llena de baches (no en vano uno de los personajes es un creador de imágenes que no necesita actores con "cosas absurdas que algún día serán genialidades"). El peaje tal vez inevitable es que algunas de esas cosas absurdas son brillantes y otras no tanto, aunque sin llegar a ser tontas.

Mucho tiene en la credibilidad de un viaje increíble el saber estar de un reparto en general robusto y con una última aparición de Marisa Paredes que estremece por partida doble: por su fallecimiento y porque su personaje tiene rasgos testamentarios con reflexiones sobre lo que es (y no es) el mundo de la interpretación, y con guiños al universo almodovariano con sus húmedas leyes del deseo. Miñarro la despide con algunos primeros planos plenos de emoción y hondura. Hasta (para) siempre, Marisa.

También una veterana Emma Suárez derrocha oficio con un personaje complejo al que toca bailar con la escena más onírica (casi de terror cómico y cósmico). Esta "road movie" coral de virajes surrealistas es, como en la obra maestra buñueliana, una gran metáfora de la condición humana: gente que no puede abandonar su prisión. Miñarro no se queda solo con el espíritu de Buñuel, también pueden rastrearse huellas de Apichatpong Weerasethakul y Raoul Ruiz, con pinceladas de pintoras como Remedios Varo o Leonora Carrington. La vida y la muerte como dos monedas de una misma cara, sueño y realidad en un coito interminable, esqueletos al volante, cielos ensangrentados, arco iris en llamas, yoga y yogur para mantenerse joven, curas lascivos con boca pintada y "pinta de ranas cachondas", madres que adoctrinan a sus hijos con cuentos salvajes, chupa chups, tentadores, antropólogas asiáticas que coleccionan canciones de cuna, comerciantes que no venden nada, el veneno del cine recorriendo las venas del pasado esplendoroso y rasgando el presente tóxico ("el matrimonio es una cadena que se arrastra entre dos y a veces entre tres") de una pareja que se acribilla a balazos verbales (tipo "¿Quién teme a Virginia Woolf?"), sentencias crueles ("No hace falta estar enfermo para morir"), príncipes mudos, pieles de abrigo y, al final... Ángeles exterminados, fin de viaje que invita a rebobinar las mejores escenas para que circulen al ralentí en la memoria. Y elogio del orgasmo que anima a correrse una buena juerga. Abróchense los cinturones.

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