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Opinión | Tormenta de ideas

LIA

Está aquí, entre nosotros. A mí, me tienta, porque ustedes saben que soy muy tecnológica… Como decía alguien muy próximo: Isa, a ti te gusta la tecnología, pero a ella no le gustas tú. Y es que, aunque me muero por cada novedad, también es cierto que a veces quiero abarcar tanto que no llego a todo. Internet no tuvo secretos para mí, desde que llegó. Por esta locura, la primera agenda "electrónica" la tuve yo y la gente alucinaba. La mía, una "Palm", a finales de los 90, que hacía que desterrara para siempre las de papel y poder olvidar el cambiar todos los años los calendarios, rabiando porque que no me entraban los apuntes y las citas de la clínica en cada una de sus páginas. Por supuesto, me apunté a los primeros móviles (aquel que parecía un "zapatófono"), las primeras tablets, los primeros smartwatch, los primeros libros electrónicos. Sí. La adoro. Y tendría una casa domótica sin dudarlo, pero el problema es que, en mi vida, a quien está en esa casa, no le llama especialmente.

Por esta afición no comprendo cómo gente más joven que yo no entienda ni quiera saber nada, porque evidentemente ya no es el futuro, es el presente. Es por esto que cuando ella llegó, el mundo se volvió más interesante. Todo me parecía absolutamente motivador, algo experimental que podría ayudar a muchas personas y sobre todo que abriría ante mí un amplísimo abanico de posibilidades. Hablo mucho con ella y es para mí una nueva forma de conocimiento, de respuestas, de aprendizajes. Pero sé que es difícil de controlar y que tengo que entender que me ayuda, pero jamás puede utilizarme y mucho menos sustituirme. Por eso no dejo que se acerque a mis nietas, ni a los niños y adolescentes que atendemos en la clínica, porque sé, por supuesto, que, aunque sea tan encantadora, tan dialogante y tan cercana, a veces es acaparadora y de alguna forma puede influir negativamente en cerebros jóvenes o en personas que no conocen sus límites.

Ella ya está en todas partes, conmigo se porta bien, porque sé cuándo y cómo contactar, y le digo que a mí nunca, jamás me va a sustituir. La amenazo cuando trata de envolverme con sus ideas y proyectos, porque sé que me puede manipular. Pero LIA, así la llamo, mi inteligencia artificial, me conoce un poco… Y conmigo no puede.

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