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Opinión | Notas en la butaca

Gijón

"Perlora", la ciudad residencial que soñó el franquismo

Manuel García Postigo propone un bien orquestado documental que sirve como escaparate de arqueología política y social

"Perlora desde 1954" emprende un viaje agridulce en el tiempo a la Ciudad Residencial en sus momentos de esplendor y angustioso declive. Manuel García Postigo hace arqueología política y social tan oportuna como ilustrativa con un mosaico histórico de voces, miradas y recuerdos que examinan desde distintas áreas aquella ciudad-jardín como utopía paternalista, el edén vacacional de los trabajadores y, finalmente, los cascotes melancólicos de un proyecto que soñó con ser buque insignia del turismo en Asturias mostrando un rostro amable del franquismo.

"Perlora", la ciudad residencial que soñó el franquismo

"Perlora", la ciudad residencial que soñó el franquismo / .

García Postigo permite que sean las voces y las imágenes de ayer y hoy las que den información suficiente para sacar conclusiones de lo que quiso ser y de lo que acabó siendo, hoy atrapado en una espiral de deterioro progresivo. Al mismo tiempo, se apuntala el entramado político: las empresas afines al régimen que colaboraban con la obra, los sindicatos convertidos en aparato estatal, la organización del ocio como parte de la disciplina social. Un banco de pruebas de la anestesia de masas, en paralelo con la Laboral y Ensidesa, por medio de un paternalismo sin trabas. Los "quince días" de vacaciones obtenidas por sorteo llegaron a meter hasta dos mil residentes diarios, veinte mil los fines de semana. Una ciudad con lavanderías, peluquería, bares, quioscos, comedores... García Postigo no rehuye la nostalgia pero no recurre a la ingenuidad. Perlora fue, también, una forma de condensar al enemigo derrotado, una tierra a conquistar y reorganizar. "Los mejores años de mi vida", "una gran familia", "una piña", repiten quienes trabajaron allí con una formación sentimental que no desaparece: "sigue viviendo en mí", "tienes que afrontar la vida tú solo… Perlora fue mi curso de formación"...

También hay recuento de daños: el solárium, los bares y quioscos desaparecidos, los inviernos oscuros, la llegada de refugiados bosnios que reactivó temporalmente un espacio en declive.... El derribo en 2007 del edificio de la residencia –uno de los iconos de entrada– es símbolo de un patrimonio apadrinado de la clase obrera, abandonado a su suerte, con chalets, aún recuperables, que son sudarios habitables de una arquitectura congelada en el tiempo, esperando en vano nuevos veranos en el paraíso.

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