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Cordura

Al fin se decide un gobierno municipal de Gijón a plantear el arreglo de las piscinas y pistas polideportivas de Laboral – Ciudad de la Cultura, antaño Universidad Laboral. La verdad es que anexas al gigantesco y espectacular complejo de instalaciones, donde actualmente se encuentran facultades universitarias, un IES de enseñanza media, teatro, conservatorio de música y RTPA, su estado de abandono contrastaba una imagen de desinterés tanto deportiva como de ocio y turística. Esta enorme construcción por una parte ofrece muchísimos espacios para aprovechar, sin necesidad de tener que construirlos de nuevo (ya vemos lo que pasa con la ampliación del hospital de Cabueñes), aunque por otra conlleva problemáticas ideológicas y económicas.

La ideológica viene claro de haber sido construido durante la dictadura franquista con su simbología, ahora resignificada en tono asturiano; a pesar de los vaivenes políticos, sería absurdo dejarla caer o desaprovecharla como venganza. La venganza no sería ya contra los franquistas fallecidos, que ni ven ni sienten, sino contra los ciudadanos de Gijón y Asturias que no podrían utilizarla. La económica se refiere a los también grandes costes de mantenimiento, lo que debe hacer evaluar los servicios que presta y en función de ello su rentabilidad. Es así como debe analizarse quiénes y de qué manera la van a utilizar, particulares y/o equipos, y si va a ser gratuita o pagando entrada o alquiler para contribuir al equipamiento.

Este 20 de noviembre se cumplen 50 años de la muerte del dictador Francisco Franco, líder del bando de derechas sublevado en 1936 contra la II República del Frente Popular de izquierdas reformistas y revolucionarias, y Jefe del Estado autoritario durante 36 años. En realidad, más que un franquismo hubo dos: del 39 al 59 más nacionalcatolicista y autárquico, y del 59 al 75 más tecnocrático y desarrollista. Ahora tratan de imponer una presunta Memoria Democrática totalitaria como verdad oficial, cuando la historia debe ser contraste de hechos y perspectivas, datos y argumentos. Por tanto, no debería haber ni memoria oficial franquista, ni memoria oficial izquierdista; el historiador debe ser ecuánime, no panfletario.

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