Opinión
Ignacio Alvargonzález
El riesgo del Piñole
Desde hace meses el museo dedicado a uno de nuestros más insignes pintores locales, Nicanor Piñole, y los planes municipales para su futuro, están en el centro del debate cultural local. Nadie cuestiona el proyecto para su traslado desde el antiguo Asilo Pola al futuro complejo cultural de Tabacalera, donde tendrá entidad propia para respetar la voluntad de su viuda y donante de los fondos pictóricos. Esa medida, aplaudida por todos, ya fue planificada en el lejano 2008, por un gobierno municipal de signo político bien diferente al actual.
Este último plantea, al menos hasta el momento, un cierre casi inminente del Asilo Pola, con intención de convertirlo en sede de la Oficina de Políticas de Igualdad, ante las carencias de sus actuales instalaciones. Y cómo alternativa temporal, hasta que finalice la construcción del nuevo edificio que ha de albergar el nuevo museo en Cimadevilla, se dedicaría una exposición monográfica al pintor en el palacio de Revillagigedo.
En el cómo y en los tiempos de toda esta operación está el quid de la cuestión. Las prisas por desalojar el Asilo Pola parecen responder a un intento de materializar el traslado de la Oficina de Igualdad a aquel edificio antes de la próxima cita electoral local de 2027, llegando a tiempo para vender la medida como un éxito de gestión. Pero la idea subyacente de tratar de pescar votos en el caladero del asociacionismo feminista local, claramente escorado a babor en lo ideológico, resulta bastante ingenua. Por si hubiera alguna duda, y sin doblez alguna, el propio Consejo de Asociaciones de Mujeres lanzó ya su aviso a navegantes, al mostrar su oposición al traslado de la oficina al edificio del Asilo Pola, que considera insuficiente.
Por su parte la comisión de seguimiento del legado Piñole lleva razón en que una exposición temporal, aunque prolongada en el tiempo y mostrada en un edifico tan sobresaliente como el Revillagigedo, no es un museo monográfico como el exigido por la donante de los fondos. Y uno añade, además, y todos sabemos que las obras las carga el diablo, que lo que sí podría tener coste electoral para los actuales munícipes es llegar a 2027 con el actual museo cerrado y las obras del nuevo empantanadas. Sin renunciar a la exposición temporal planificada, lo más sensato parecería ejecutar las obras estrictamente imprescindibles, y en el menor tiempo posible, en el actual Asilo Pola, manteniendo allí el museo Piñole hasta que sea posible su traslado efectivo al nuevo edificio en Tabacalera. Y en paralelo buscar una ubicación alternativa a la Oficina de Igualdad, sin desvestir para ello a otro santo cuya desnudez cause más problemas que otra cosa. El tiempo lo dirá, pero por avisar que no quede.
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