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La torre de San Pedro

El anterior templo de la parroquia de San Pedro fue incendiado y destruido el día 24 de agosto de 1936. De estilo clasicista, con la torre en el medio, había sido construido en 1411, según anotación manuscrita del 3 de diciembre de 1937 del párroco D. Ramón Piquero en el "Libro de Fábrica", único libro que se salvó del incendio en el que desapareció el archivo parroquial, que supuso una gran pérdida para la historia de la ciudad de Gijón. El arcipreste Piquero regentó la parroquia más de cuarenta años y fue respetado durante la guerra civil, incluso custodiado por los mismos milicianos, lo que no sucedió a dos de su sacerdotes coadjutores. En esa sucinta nota hace constar que el archivo parroquial tenía más de quinientos años. Su perdida es más deplorable que la del mismo templo que se pudo sustituir edificando uno nuevo, pero los libros parroquiales, no. Hoy lo lamentamos muchos. Los archivos parroquiales, por su antigüedad son el mejor tesoro cultural para conocer la historia de los pueblos. La parroquia fue siempre "la casa del pueblo".

Edificar el nuevo templo no fue empresa fácil. Se debe el tesón del párroco D. Marino Soria a quien el barrio de Cimavilla recuerda todavía por su bondad con los necesitados y su cualidad para la música. El primer problema planteado fue su ubicación. El Ayuntamiento pretendía edificarla en la Plaza del Marqués. El nuevo párroco se mantuvo firme. Su emplazamiento en el Campo Valdés fue, desde siempre, la propiedad de la Iglesia. "Se me hace un agravio" con la propuesta de cambio, escribió al alcalde. El proyecto, por concurso, se adjudicó a los hermanos Somolinos. La primera piedra, con presencia episcopal, la que no hubo en su inauguración, se puso el 20 de mayo de 1945. Contando con ayudas y donaciones de generosas personas y populares, costó nueve años lograr su inauguración, el 16 de junio de 1954. Antes, el 8 diciembre de 1953, coincidiendo con el comienzo del Año Jubilar Mariano del centenario de la proclamación del dogma de la Inmaculada (1854), se inauguró la torre, iluminándola y simulando el toque de campanas, que no tenía, con música de carrillón por altavoces.

El próximo mes cumplirá 72 años. No son muchos. Pero la escasa calidad de los materiales de aquellos años y su exposición abierta al salitre, las lluvias y los vientos han precipitado su deterioro. La inspección con grúa del Roxu a la que nos vimos obligados con urgencia por desprendimientos, nos alertó de que su estado es mucho peor de lo esperado. La pirámide que culmina con la cruz tiene muchas losas de hormigón sobre mortero en amenazante desgajamiento. Sobre la marcha hubo que rodearla con una red.

La torre, km 0 e icono de la ciudad, que señala el lugar de su nacimiento, inhiesto pulgar de piedra, vigía de la mar y la ciudad, estampa que todos se llevan como recuerdo, pronto será rehabilitada. Erguida, con robusta fortaleza, seguirá indicando que de Gijón al cielo.

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