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Opinión

25 N, nuevas caras, mismas cabezas

Cómo no escribir de violencia sobre la mujer la semana del 25 de noviembre. Celebramos una jornada reivindicativa en un contexto en el que el porcentaje de jóvenes que cree que la violencia machista es un invento ideológico se ha cuadriplicado en los últimos cinco años. ¿Son un invento ideológico las 1.333 mujeres asesinadas a manos de sus parejas desde 2003? ¿Lo son también los 300 huérfanos que ha dejado la violencia de género en nuestro país, sólo desde 2013, año en el que se empezaron a registrar?

Parece difícil negar lo dramático de estos datos, que solo reflejan la punta del iceberg, porque, para llegar a ese final, la mujer, y seguramente sus hijos, han tenido que aguantar humillaciones, agresiones y desprecios de tal calibre que, si no se han visto de cerca, son difíciles de imaginar. Piensen en lo que es vivir pendiente del ruido que hace la llave del otro al entrar en la cerradura. De esos primeros pasos por el pasillo, si avecinan o no tormenta. Piensen en lo que es notar un cambio en la mirada de su pareja en público, y saber que algo ha desencadenado una explosión que ya no se puede parar. Y aquel momento de ocio y disfrute con familia o amistades se vuelve una ficción ante la que ocultar el miedo, una agónica súplica para que no pase lo que ya se sabe que va a pasar.

Y véanle a él disfrutar de ese control. E imagínense a sus hijos o hijas temblar de miedo, orinarse encima, porque ellos han aprendido también a identificar esa mirada. Piensen ahora en armarse de valor, y, por fin, denunciar. Afortunadamente se encontrarán con agentes de policía con formación especializada, con un Juzgado especializado, con recursos asistenciales públicos, con asistencia letrada y psicológica. Pero, ahora ¿con qué se van a encontrar también? Con los comentarios del tipo "ya está otra denunciando", "es una aprovechada", "le jodió la vida". Incluso se puede encontrar con que sus hijos, sus hijas, esos a quienes ha visto llorar de miedo, le digan "tampoco es para tanto", o un "qué le vas a hacer a papá".

Porque así están las cosas. Que se haya normalizado que ciertos representantes políticos nieguen la violencia que provoca el machismo tiene consecuencias. Elevar la cuestión de las denuncias falsas a la categoría de conspiración femenina contra el hombre tiene consecuencias. ¿Se imaginan que la gente pidiera que se eliminara del Código Penal el delito de estafa, cada vez que alguna persona interpone una denuncia falsa por este delito? ¿Se imaginan que el año pasado 48 hombres hubieran muerto a manos de sus esposas? Pues de ahí la cita de "Ilegales", porque la pelea de la mujer es siempre la misma. Ahora son caras nuevas, pero son las mismas cabezas.

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