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Herida viva

La ONU considera la violencia de género una violación de los derechos humanos que afecta de forma desproporcionada a mujeres y niñas, y la define como cualquier acto dañino cometido por razón de género. Su origen se encuentra en la desigualdad, el abuso de poder y las normas sociales perjudiciales que perpetúan la discriminación.

A escala mundial, una de cada tres mujeres ha sufrido violencia física o sexual a lo largo de su vida, y solo un 40 % llega a pedir ayuda. Se trata de un fenómeno estructural y global, con raíces en la desigualdad de poder, los estereotipos de género y las normas machistas que aún persisten. Según el Consejo General del Poder Judicial, en el segundo trimestre de 2025 la tasa de víctimas en Asturias fue de 14,6 por cada 10.000 mujeres. A nivel nacional, hasta noviembre, 38 mujeres han sido asesinadas por sus parejas o exparejas.

La violencia de género no solo deja heridas físicas, también transforma el cerebro, las emociones y el cuerpo. Cuando una persona sufre maltrato, su cerebro entra en modo supervivencia y libera cortisol y adrenalina, las hormonas del miedo. Si la agresión se prolonga, el sistema no se apaga y la persona vive en alerta constante, atrapada en un estado de estrés crónico.

A menudo, la mente se "desconecta" para no sentir el dolor, generando una sensación de vacío o irrealidad. Surgen sentimientos de culpa, baja autoestima, aislamiento y desesperanza.

El psicólogo Martin Seligman llamó a este proceso "indefensión aprendida"; cuando alguien sufre daño repetido sin poder escapar, llega a creer que nada cambiará su situación. Esta es una de las razones por las que muchas mujeres permanecen con su agresor, incluso en situaciones de riesgo extremo.

Los datos son devastadores, pero lo esencial son las vidas detrás de ellos. Erradicar la violencia de género exige una transformación social y educativa que comience en los hogares, las escuelas y las conciencias.

Por desgracia, la violencia de género sigue siendo una herida abierta en nuestra sociedad; el silencio que la rodea mata tanto como los golpes, y el miedo persiste con dolor en cada rincón del mundo ¿Realmente estamos avanzando como sociedad o retrocediendo como los cangrejos? n

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