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El Estado pesebre

Me llamó la atención el título de un libro que no leí todavía: "El Estado pesebre. Una historia de las élites españolas" (Carlos Arenas Posadas, edit. El Paseo, 2025), aunque encontré en un suplemento literario algunas referencias fidedignas del reseñista Jorge Dioni que, por su interés informativo, me apresto a copiar con innegable propósito divulgativo.

Se dice en el documento que para los militares africanistas la Guerra Civil fue un negocio: Franco reunió en los tres años de guerra una fortuna de 34,3 millones, producto de sobresueldos, comisiones de empresas extranjeras u operaciones como la reventa de un carguero de café donado por el dictador brasileño Getúlio Vargas que le proporcionó 7,5 millones. El año de su muerte tenía participaciones en 52 empresas y 21 fincas y palacios. Se dice también que el Rif supuso suculentos negocios para algunos. En la conferencia de Algeciras de 1906, España quedó al cargo de las provincias marroquíes del Rif y Yebala. Dos años después, se constituyó la Sociedad Española de Minas del Rif, cuyos propietarios eran, entre otros, Alfonso XIII, Romanones, Comillas, Godó, Urquijo y Zubiría. Élites madrileñas, barcelonesas y vascas. Entre 1909 y 1931, la aventura colonial de Marruecos para defender los negocios privados se llevó unos 5.600 millones de pesetas del presupuesto y costó la vida a 21.000 españoles. Además, dentro del ejército, se creó un partido africanista que hizo del militarismo una filosofía que acabaría triunfando en la Guerra Civil. Se calcula que 300.000 españoles fueron llevados a juicio por la Inquisición entre 1481 y 1788.

Aunque no hubiera muerte, el castigo conllevaba la confiscación total o parcial de los bienes del acusado, que se transferían a los miembros del tribunal, a los funcionarios y a los delatores. En diferentes momentos, Fernando VII, primero, y el bando franquista, después, replicaron el modelo. Solo en Andalucía se abrieron 11.000 expedientes de depuración tras la Guerra Civil que expropiaron alrededor de 70 millones de pesetas y miles de propiedades. Se sabe que en 1931 la Iglesia aún poseía un tercio de la riqueza inmueble de España: 11.921 propiedades rústicas y 7.828 fincas urbanas. Como está perfectamente documentado, si nos retrotraemos a la época imperial, que el complejo militar preindustrial estaba dirigido por las élites aristocráticas y la corrupción era algo habitual: desfalcos, fraude contable, connivencia con proveedores o la no actualización de la tropa para quedarse con las soldadas de los muertos. La caída en desgracia de Antonio Pérez, secretario de Felipe II, tuvo que ver con su defensa de una paz con Flandes frente al "lobby" belicista.

Un libro de historia que retrata a nobles, oligarcas y otros parásitos de la economía de España.

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