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Gravedad confirmada

Sobre la condena al fiscal general del Estado

"Ha sido una jugada estupenda". "Controlaremos la Sala Segunda desde detrás". Ignacio Cosidó resumió con estas palabras el reparto entre PP y PSOE del CGPJ. De aquellos polvos vienen estos lodos: "La Sala Segunda del Tribunal Supremo, en la causa especial 20557/2024, ha dictado por mayoría de sus miembros el siguiente fallo que se anticipa: Que debemos condenar y condenamos a D. Álvaro García Ortiz, Fiscal General del Estado, como autor de un delito de revelación de datos reservados…"

La extrema gravedad a la que me refería en un artículo reciente se ha confirmado, el golpe de estado del que hablaba está ahora en medios nacionales e internacionales. A falta de la sentencia que razone la condena, lo que se aprecia en el juicio celebrado es que no hay pruebas de la revelación de datos, que al "ciudadano particular" que reconoció dos delitos fiscales, le apoya toda la artillería de la Comunidad de Madrid, que el número dos de Ayuso reconoció que sus acusaciones no tenían base, que la UCO, no encontrando pruebas, asignó la responsabilidad al Fiscal general por ser el de más rango, que la Fiscal de Madrid, cuyo testimonio fue fundamental, tiene una enemistad con el Fiscal general tan antigua como su afinidad con Ayuso, a la que se negó a investigar por las 7291 muertes, y que se ignoraron las declaraciones de los periodistas pese a la documentación aportada.

Que se haya llegado al fallo en apenas unos días hace pensar que el caso estaba juzgado de antemano, darlo a conocer antes de redactar la sentencia consigue varios objetivos, conmemora el 20N, opaca un nuevo caso de corrupción del PP en Almería que: "alcanza ya a 17 personas entre cargos públicos del PP, familiares, empresarios y funcionarios de administraciones públicas." Amortigua las noticias sobre Mazón, cada vez peores para él y quienes le mantuvieron pese a las evidencias, y también las de los cribados de Andalucía o los de Madrid, de los que apenas se habla.

Pero sobre todo, es un durísimo golpe para nuestra democracia, una democracia tan vigilada que no puede llamarse democracia. Siendo el PP el principal actor, Sánchez tiene mucha responsabilidad en esta situación. Al acordar la renovación del CGPJ al margen del Parlamento, entregó la administración de justicia al PP. Cuando acosaban sin tregua a Iglesias y Montero o presentaban demanda tras demanda contra Podemos, cuando las cloacas espiaban y fabricaban pruebas, Sánchez miraba hacia otro lado sin entender que aquello era un ensayo y que él sería la siguiente pieza a cobrar. Lo toleró pensando que le libraban de unos socios incómodos. Ahora van a por él, pero ya es tarde.

No es cuestión de derechas o izquierdas, es cuestión de ser demócratas o no, de que la voluntad popular elija a nuestros gobernantes o lo hagan las familias que financiaron el golpe del 36 y ahora lo quieren repetir más sibilinamente. La degradación a la que nos trajo una falsa transición, solo se solucionará si los ciudadanos provocamos una catarsis que barra toda huella del franquismo que sobrevive a Franco. La tuvimos muy cerca y no supimos culminarla, pero nos marcó el camino a seguir que sigue ahí.

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