Opinión
El buen vino de Adolfo
Puente de Mando rinde homenaje a uno de sus miembros más ilustres
El empresario Adolfo García Díaz recibió ayer el homenaje de la peña gastronómica Puente de Mando, señera en Gijón, en un acto entrañable celebrado en Los Nogales, restaurante erigido, en cierto modo, en "sancta sanctorum" de este colectivo de notables gijoneses de todos los colores.
Adolfo es hombre de pocas palabras, pero rotundas. Dijo no merecer los parabienes de sus contertulios, e incluso quiso reconocer que, al contrario que el buen vino, con los años se le va agriando el buqué. Lo cual es una verdad incierta. Entiéndase la contradición: verdad, porque en los últimos meses Adolfo ha sufrido contratiempos familiares sobrevenidos que han mermado en parte su carácter indómito; e incierta porque hay pocas personas que conozca en Gijón tan generosas, desprendidas y dispuestas a arrimar el hombro en favor de sus amigos, en las duras y en las maduras. Por eso creo sinceramente que Adolfo es como un gran reserva, cuyo poso mejora con los años.
Se trata de un personaje capital en esta peña gijonesa al que habría que descorcharlo con cuidado reverente, como se hace con las botellas que uno reserva para ocasiones memorables. A regañadientes aceptó el reconocimiento de Puente de Mando , pero al final sucumbió a la insistencia de Fernando de la Hoz, que glosó su figura entre manteles, como quien acepta una cata inesperada: con la humildad del que cree que su vino no merece etiqueta dorada, cuando todos saben que pertenece, sin forzarlo, a la bodega de los imprescindibles.
Decir que el vino de Adolfo se agría con los años es como confundir un caldo de cepas viejas con un vinagre de supermercado: una apreciación veloz que no resiste el paladar de quienes lo conocen de verdad. Sí, es cierto que la vida le ha removido recientemente el poso, pero incluso en la turbiedad del momento sigue manteniendo ese carácter noble que sólo ofrecen los vinos que han madurado lento, sin prisa y sin artificio. Es nuestro amigo Adolfo madera de la mejor barrica.
Es caldo que hace amigos. No embriaga: abriga. No alardea: acompaña. Tiene esa generosidad de los tintos sinceros que se abren sin reservas ante quien necesita calor; ese desprendimiento de los blancos luminosos que refrescan el ánimo sin pedir nada a cambio; esa persistencia amable de los vinos que dejan un final largo, de esos que uno recuerda incluso después de levantarse de la mesa.
Y es que pocos en Gijón saben —o aceptan— que la verdadera medida de un hombre notable no se encuentra en la gradación alcohólica, sino en su capacidad de animar al brindis. Por eso Adolfo, aunque él se empeñe en lo contrario, no se agria con los años: al contrario, se redondea. Y cada año que pasa añade una nota nueva a su buqué —unas veces más dulce, otras más intensa—, pero siempre auténtica. Y sobre todo sabia.
Suscríbete para seguir leyendo
- Aterriza en Gijón la pastelería más moderna y que será la más grande hasta la fecha: tortitas en forma de osito, gofres de arcoíris o cupcakes en forma de unicornio
- Como Franco viviríamos mejor: el deportista leonés de 90 años que asombra en un parque de Gijón por su flexibilidad y agilidad
- Este es el mítico bar de Fomento, en Gijón, que se despide tras dos décadas: 'Fue inolvidable
- El pequeño barrio (junto al mar) de Gijón que quiere ser el más navideño: así lo decoran sus propios vecinos
- Los mejores callos de España se cocinan en un restaurante de Gijón y viajaron hasta París para participar en el campeonato más prestigioso del mundo: 'Que bonito es presumir de Asturias
- Absuelto un varón de abusar de su hija en Gijón porque la niña está 'instrumentalizada
- Este es el colegio de Gijón que participará en una importante cita europea sobre IA aplicada a la enseñanza: irán cuatro centros de España
- Los antiguos juzgados de Prendes Pando en Gijón tienen 'obsoletas' sus redes eléctrica y de saneamiento
