Opinión
La fábula del colibrí
Suelo contarle a mi alumnado la fábula del colibrí. En ella se narra como hubo un gran incendio en el bosque que hizo que los animales huyeran muy asustados. Todos lo hicieron excepto un diminuto colibrí que cogía agua en su pequeño pico y volaba para echarla encima del incendio.
Los demás, al verle, se rieron de él y le decían que para qué se arriesgaba si con la cantidad ínfima de agua que transportaba era imposible apagar el incendio. El colibrí respondió que lo sabía, pero que ese poquito era lo que él podía aportar y que, al menos, él hacia su parte y no se quedaba de brazos cruzados.
Quienes educamos, cada día, somos un poco colibrís porque tal vez lo que aportamos resulta ínfimo, pero sin esas gotas de agua diarias, ¿Cómo podríamos, tan siquiera, pensar en combatir el fuego?
Pues del mismo modo, como sociedad deberíamos seguir esa filosofía ante muchas (demasiadas) cosas que suceden hoy día. Podría, por desgracia, enumerar más de las que yo quisiera, pero creo que lo que corresponde esta semana es que pensemos en el hecho de que cada persona, en su contexto, con su realidad, debería ser, como mínimo, un colibrí que aportase su “poco-mucho” para combatir la violencia, desde la machista que sigue cobrándose víctimas inocentes que no pudieron hacer nada para librarse del fuego y que tristemente hemos recordado este pasado lunes o la que es capaz de desatar algo tan increíble como lo que ha sucedido en un lugar (que para muchos es un hogar) como Mar de Niebla.
No es la primera vez que, por diferentes circunstancias, he hablado, a través de estas líneas, de una institución que creo que es clave en nuestra ciudad por muchos motivos. Yo, que la conozco desde sus orígenes, que conozco a muchas de las personas que han estado y que están y que he tenido la oportunidad de ver todo lo bueno que allí se hace, aún no me creo que haya podido pasar algo así en nuestra ciudad.
Ya ven ustedes que es necesario que seamos colibrís, que aportemos nuestro poco para que comience a haber algo de serenidad o, me atrevería incluso a decir, de cordura.
Hoy cierro dando las gracias a todos los colibrís que ya existen y que tratan de que la lista de nombres que se lee el 25N sea cada vez más pequeña y a todos los que se encuentran en la Fundación Mar de Niebla, que son muchos. Yo también voy a coger agua, les invito a ustedes a hacerlo también.
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