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Opinión | Palabras con silencios

El credo vivo de Nicea

A conmemorar los 1700 años del primer gran acontecimiento de una Iglesia y de una fe libres, ha ido el sencillo papa León XIV a las ruinas arqueológicas de la antigua Nicea, hoy la turista ciudad Iznik, a 120 kms. de Estambul, visita que tenía prevista Francisco en este Año Jubilar. Allí, en su palacio y con gastos pagos durante el mes que duró el evento, sin duda asesorado por el obispo cordobés Osio que presidió la magna asamblea, convocó el todavía sin bautizar emperador Constantino a 318? obispos de Oriente (los más) y de Occidente (los menos) con la intención de conseguir la paz religiosa alterada por las herejías, en concreto la de un revoltoso y populista Arrio. De esta forma pretendía asegurar también la paz de imperio. Es más, él mismo inauguró aquella solemne reunión marcándoles en su discurso los temas a tratar y asegurándoles su compromiso de imponer las conclusiones en todo el imperio. Insólito. Así fue el luego llamado Primer con Concilio Ecuménico, el de Nicea. La fe siempre ha tenido influencia en la vida ciudadana y sus principios del amor incluso a los enemigos, el perdón y el bien común resolverían mejor muchas situaciones. Ninguneada o censurada por el secularismo actual, ¿ha mejorado la situación de España y Europa?

La primera cuestión importante es que el concilio funcionó en aquella primera reunión al modo del Senado romano. Al igual que aquel, adoptó su método tanto legislativo como judicial, formulando leyes (20 cánones disciplinares) con las penas correspondientes y emitiendo sentencias. Así y con ese método han trabajado los 21 concilios ecuménicos habidos, con excepción del pastoral Vaticano II.

Lo más trascendental de Nicea, fue lo que podríamos llamar la "Constitución de la Iglesia", formulando con el lenguaje y la filosofía de la época el Credo Niceno, síntesis precisa y clara de las verdades fundamentales el misterio de Dios-Trinidad y de la divinidad de Jesucristo. Con algunos añadidos en el de Constantinopla el 381, es la fe que seguimos proclamando y confesando, todos los cristianos, 2.400 millones cada domingo desde hace 1700 años. Es el vínculo de la unidad básica doctrinal. Pocas formulaciones ideológicas aguantan incólumes, vivas y activas, tantos siglos. ¡Qué lástima que nos separen otras cuestiones secundarias!

La herejía de Arrio, que Jesucristo no es Dios sino una extraordinaria persona carismática, entre Dios y los hombres, es hoy opinión de muchas personas, incluso creyentes. Tiene más importancia de lo que parece. No hay nadie divino aunque se lo crea y pretenda ejercer. Todos seremos divinizados al asumir el que es Dios, "de la misma naturaleza del Padre" ("homousion", en griego), la nuestra. Lo primero es soberbia, lo segundo don y gracia.

Tan acalorados fueron los debates en Nicea que la tradición dice que de ahí viene el dicho popular: "se armó la de Dios es Cristo". Parece irreverente, pero aseguran que es fiel reflejo de aquel mayo del 325 en la desaparecida Nicea.

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