Opinión
Nos enseñó a ver el mejor cine
Como se lo dije alguna vez a las puertas del celebrado bar La Plaza, en Cimavilla, mientras repasábamos nuestras filias y fobias cinematográficas, puedo repetirlo ahora, cuando la noticia de la temprana e inesperada muerte de José Luis Cienfuegos, como del rayo, nos tiene sobrecogidos: es la persona que nos ha enseñado a los asturianos a ver –y también a entender mediante variadas pedagogías– la mejor filmografía mundial contemporánea con firma y estilo de autor.
Hay que decir que en sus dieciséis años al frente del Festival Internacional de Cine de Gijón (FICX) hizo de esta cita otoñal y cantábrica, cuando noviembre saca los paraguas, uno de los faros ineludibles de la cinefilia española. Con su laboriosidad entusiasta, una curiosidad transfronteriza, innumerables sabidurías fílmicas y sus poderosas intuiciones, creó un estilo (la "marca Cienfuegos") que se asentaba sobre un firme e innegociable pilar: la atención a las formas e imágenes que aportan originalidad y frescura a la narración de las historias de ahora y de siempre. Es decir, fue un preceptor estético riguroso y cosmopolita (ojo, nunca dejó de acoger, proteger y acompañar a los realizadores locales) que hizo del certamen gijonés una fiesta de la inteligencia y de la vida, como se sugería ayer desde algunas necrológicas de urgencia. Para Cienfuegos, el cine y los festivales en los que se rinde culto a este arte han sido siempre una manera de sentir la cultura como una faceta gozosa de la existencia.
Avilesino de 1964, del barrio de Villalegre (se acordaba del antiguo cine Ráfaga), recriado en Oviedo, fue en Gijón donde comenzó, como decimos, a proponer un modelo de festival de cine que han ido copiando con mayor o peor fortuna en otras ciudades. Sus características gafas de pasta (los despreciadores de cuanto ignoran llamaban precisamente así, "gafapastas", a los muchos espectadores del FICX), sus patillas de boca ancha, sus polos de Fred Perry y una hiperactividad contagiosa fueron durante mucho tiempo la imagen icónica y exitosa del festival gijonés. Y este, a su vez, fue el laboratorio y la pantalla que eligieron muchos de los cineastas más sobresalientes de los últimos treinta años. No damos nombres para no apabullar.
Lo suyo en Gijón, que duró, repito, dieciséis años, no fue fruto de la casualidad. Fulminado en el FICX el 11 de enero de 2012, sin motivo alguno y solo por el capricho político de algún indocumentado munícipe, cuando Foro se hizo por primera vez con los mandos del Ayuntamiento, demostró al frente del Festival de Sevilla y de la Seminci de Valladolid su mano maestra para la dirección de festivales. Quienes de verdad aman el cine saben que un certamen programado por Cienfuegos rara vez defraudaba.
El pasado 8 de mayo fallecía Fran Gayo, principal programador durante años de aquel FICX que dirigió Cienfuegos. Gijón y los asturianos estamos en deuda con estos dos talentosos hacedores de citas cinematográficas. Se lo debemos por las muchas horas de felicidad que nos dispensaron en días que siguen en nuestra memoria. Sí, tantas películas que forman parte de nuestro personal palmarés porque ellos, cosechadores de las imágenes necesarias, sabían lo que hacían.
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