Opinión
J. A. Fidalgo, pasión gastronómica
Un hombre de firmes convicciones
La vida por momentos nos causa malas sensaciones y hoy es tiempo de desazón e impotencia. La muerte de José Antonio Fidalgo me causó mesticia, angustia, pena. Un hombre de firmes convicciones, honesto, sabio y campechano. Este quebranto mortuorio, aun sabiendo su estado patológico, me ha dejado con un pesar imposible. Fueron muchas lunas de relación y encuentros amistosos enganchados a la ASPET, la Asociación Asturiana de Periodistas y Escritores de Turismo, pionera en ese campo de los servicios con mucha promoción y divulgación del fenómeno turístico regional. Y José Antonio Fidalgo fue un pilar destacado con su elocuencia y su estilo para alcanzar objetivos.
Científico-químico- y docente, fue un apasionado del universo culinario y un fervoroso entusiasta de la gastronomía con mayúsculas. Lo sabía todo dentro de la historia de los alimentos y lo exponía con una pedagogía directa y entendible. Sus libros, conferencias, pregones y encuentros culturales son ejemplos meridianos de su talante y su fuerza cultural. Un cronista de su tiempo con la culinaria por esencia y el conocimiento general por raíz renacentista. Son muchos recuerdos que se amontonan en mi mente que sería prolijo exhibirlos en estas líneas sentidas a modo de homenaje afecto.
Decir que este colungués de pro con vecindad en Gijón vivió la vida con tranquilidad y sentido común entre lecturas científicas, gastronómicas y enfrascado en los clásicos literatos españoles. Todo lo hacía a "fuego lento" y dejaba los aromas pertinentes de su capacidad de oratoria para aportarlos a los demás. Los cocineros franceses eran su debilidad al estilo de Antonine Careme, el inventor del gorro blanco de chef y de la crujiente croqueta, también sentía adoración por la cocina tradicional asturiana y fue un impulsor del Club de Guisanderas Asturianas.
Un alma intensa que dejó huella con sus trabajos relacionados con la excelente gastronomía y un maestro para conocer con sapiencia todo lo relacionado con los fogones y aquella legendaria cocina de carbón. José Antonio Fidalgo es y fue todo un legado de razones buenas y el gran embajador de la culinaria asturiana bien entendida. Siempre recuerdo una frase suya: "La humanidad en el transcurso de los años de su historia primitiva, logró dominar al fuego-dios y con este dominio aprendió a transformar los alimentos; tierra y cielo ensamblados por el cordón umbilical del misterio".
Suerte José Antonio y desde ese territorio bíblico, ese más allá, te encontrarás con tu hijo y tu mujer en felicidad suprema y espero que sigas aportándonos docencia y sabiduría para llevar la vida con más humanidad y más entendimiento.
Uuuufff. ¡Cada día más huérfanos! n
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