Opinión
Fermín
Tuve ayer la oportunidad de escuchar el relato de personas que sufrieron la dana de Valencia. Por avatares de la vida, durante estos meses me ha tocado estar cerca de muchas personas que han luchado contra viento y marea por levantar sus vidas, su casa, sus colegios, sus calles, sus medios de vida… Gente que sigue limpiando el peor de los barros. Ese que no vemos y te sepulta en la mayor de las desesperanzas. Ese que no vende en redes sociales, que no invita al postureo. Un barro que se convierte en hormigón armado y atrapa a tantas personas en nuestro país.
Sus palabras, un año después de la tragedia, me siguen golpeando el corazón. Las salas del Palacio Real reverberaban sus testimonios. Testimonios de agradecimiento por toda ayuda prestada, por todo el acompañamiento que desde tantos sitios han podido recibir. Alguno de ellos me miraba a los ojos y me daba las gracias.
Al finalizar, alguna autoridad de nuestro país me preguntaba: ¿hemos ayudado?, ¿hemos contribuido durante estos meses?
Difícil respuesta. Si, pero…
Ya en el tren de vuelta trato de apaciguar esa extraña sensación que uno siente cuando detecta situaciones de injusticia. Reviso las noticias de nuestra querida ciudad con el fin de evadirme. Imposible. La indignación se vuelve incontrolable.
Resuenan en mi cabeza las palabras de mi buen amigo Fermín: "Héctor, la realidad sólo se cambia desde el BOPA". Fermín es una de esas personas que te abofetea con una dosis de realidad. Te pincha la ensoñación para situarte en el barro de la realidad. "Con buenas palabras y pequeñas acciones, no vas a cambiar nada".
¡Qué razón tiene! Muchas personas en Valencia han sufrido, están sufriendo y seguirán sufriendo… y lo peor, como en la pandemia, poco o nada aprenderemos. Poco o nada cambiaremos.
¿Y saben por qué?... estamos perdiendo el norte. Nos cuesta señalar y llamar a las cosas por su nombre. Nos resulta más fácil camuflarnos en la trinchera del "eso es imposible", que luchar por ello. Hemos rebajado nuestro nivel de exigencia. Y ante esa desafección, pintamos y caricaturizamos a quienes se lanzan al gobierno de lo público con una arrogancia generalizada que causa pavor. Y si… hablo del gobierno de lo público, no de gestión. Yo no quiero gestores, quiere personas que crean en los derechos, que reconozcan que estamos jodidos, que miren a los ojos a la gente y no la engañen. Que no prometan, que hagan. Que no alimenten el odio a los demás, que sepan reconocer si se equivocan. Pero que tengan claro el modelo de sociedad que necesitamos y queremos.
Un modelo que no siembre odio, miedo e indiferencia. Que no trate de engañarme con premisas falsas o facilonas.
No sé Fermín… pero algo habrá que hacer.
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