Opinión
No mirar a otro lado
A pesar de que hace tiempo se convirtió en una escena cotidiana, habitual en muchos rincones de Gijón, algo que vemos a diario al caminar, no ha sido hasta que en menos de un mes se han producido tres muertes de personas entre los 50 y 60 años, cada una con sus causas y particularidades, que el problema del sinhogarismo ha vuelto a copar espacio informativo. Cierto es que hace meses estuvo sobre la mesa a cuenta del traslado del Albergue Covadonga, pero ahora llega de forma más humana y constructiva y menos crispada y alienada. El diagnóstico, de antemano y en líneas generales, parece claro: hay un problema, también preocupación, y todo apunta a que los perfiles están cambiando.
Quienes conocen la realidad -y eso que desde la Fundación de Servicios Sociales, sus técnicos, claro, se trabaja con criterio y conciencia- son las distintas entidades sociales que desde hace años acompañan a estas personas que, por distintas casuísticas, se ven abocadas a la calle. Hay dos datos, entre otros muchos, que llaman la atención de su análisis. Por un lado, el repunte constatado desde el tercer sector de mujeres y personas de menos de 35 años que se ven obligados a dormir al raso por falta de recursos, una tendencia que advierte de que cada vez más perfiles poblacionales se encuentran en una situación de vulnerabilidad extrema. Otro, como desveló la Cocina Económica, que hay muchas personas ya que, a pesar de tener ingresos, precisan del respaldo de los sistemas de caridad. Desde el Ayuntamiento se pondrá en marcha a partir de enero un nuevo estudio para tener una radiografía clara y actual de la calle y del sinhogarismo en general. Urge que los pasos a dar se aborden desde distintos ámbitos, no sólo el social. Si hay un problema con la droga que les llega, por ejemplo -y si bien las entidades señalan que es falso que la mayoría de personas que duermen al raso sufran adicciones-, los servicios sanitarios y, especialmente, los policiales, que son quienes mejor toman el pulso de la calle, deben formar parte de cualquier solución o control. Si hay personas con ingresos incapaces de encontrar una vivienda asequible son las administraciones públicas quienes deben echar el resto. Esa forma transversal de trabajar que tan buenos resultados está dando, por ejemplo, con la soledad no deseada, debería aplicarse ante el sinhogarismo, con un plan regional que contemple también la habitual itinerancia de esta personas. Mirar para otro lado o esperar que pase el frío no puede ser una opción.
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