Opinión | Comentarios al paso
Ruina económica franquista
Sirve de poco, al parecer, que la economía del país siga creciendo por encima de la media en Europa y que instancias acreditadas la describan como la de mayor crecimiento y una de las más sólidas del mundo desarrollado; que el paro haya bajado y las cuentas públicas estén saneadas; que las pensiones se revaloricen cada año en función del IPC; que el salario mínimo haya crecido considerablemente sin que afecte al volumen de empleo; que el mercado de trabajo funcione mejor que antes con índices de temporalidad descendentes; que las tensiones territoriales se hayan atemperado… Parece que sirve de poco, digo, porque encuestas recientes apuntan que un 21% de la población cree que los tiempos dictatoriales del generalísimo Franco fueron "buenos" para nuestro país, frente a las incertidumbres que se avizoran en esta cincuentenaria y fructífera etapa democrática. Un segmento significativo de la población juvenil manifiesta su desafección hacia el sistema democrático porque no atisba un futuro que garantice las pensiones, que asegure un trabajo fijo o el acceso a una vivienda digna. Se sienten partícipes de un panorama descorazonador alimentado por la desmemoria, el desconocimiento y el revisionismo histórico falsificador que practican partidos, agentes y activistas ultramontanos, generándose un caldo de cultivo propicio para la aceptación de o la resignación ante gobiernos autoritarios.
Si bien no conviene desdeñar los temores reales que se señalan sino acometer su abordaje con decisión, apremia destapar los mitos, las falsedades encomiásticas que se amontonan respecto a la economía franquista. Veamos. Si los países de la Europa Occidental tardaron 5 años en recuperar el PIB "per cápita" previo a la II Guerra Mundial, España tardó 17 años en igualar el anterior a la Guerra Civil. En 1975, a la muerte del dictador, el gasto público en España suponía el 11,7% del PIB, mientras que la media europea estaba entre el 40% y el 50%. En los años 60, un trabajador del mismo puesto y cualificación ganaba tres veces más en Suiza y dos veces más en Alemania. Otro bulo a desmontar. La ley de bases de Seguridad Social (1967), por la que algunos atribuyen falsamente a Franco la creación del Estado de bienestar, nada tenía que ver con las medidas que se aprobaron en democracia para reducir la desigualdad y tratar de cubrir universalmente a la población. En aquella ley, el coste de pago era mucho mayor para el asalariado que para los empresarios. Los datos de paro durante el franquismo eran engañosos, a costa de expulsar a las mujeres del mercado de trabajo y de los 2 millones de españoles emigrados entre 1960 y 1975. Hambrunas y cartillas de racionamiento aparte.
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