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Hilo de repasar y encaje de bolillos

Políticos, periodistas y articulistas del régimen, hacen encaje de bolillos para explicar la sentencia del Fiscal general sin que se note su inconsistencia. La sentencia es un zurcido con el hilo de repasar los tomates de los calcetines cuando "con Franco vivíamos mejor". El tribunal no afirma la culpabilidad del fiscal, le condena por indicios de los que deduce que "tuvo que ser el Fiscal general o alguien de su entorno el autor de la filtración", recuperando además una nota de prensa previamente descartada para disimular un poco. En fútbol, si se escucha un improperio desde el banquillo sin identificar al autor, el árbitro mostrará tarjeta al entrenador como máximo responsable. El Supremo emula esta regla futbolística ignorando el "in dubio pro reo". El tercer poder del Estado, el encargado de controlar a los demás, queda maltrecho.

Atravesamos una situación caótica. El PP acusa al PSOE de sus propios pecados, y el PSOE se enroca en el "y tú más" permanente. El PP intentó tumbar al gobierno y convocar elecciones antes de que salieran los juicios pendientes, que ya han empezado aunque los medios los oculten, de que nombres conocidos pasen por el juzgado, de conocerse nuevos casos de corrupción o de que se consolidaran los existentes, que también se soslayan. Al no conseguir su objetivo, dispara todo su arsenal en una apoteosis final para lograrlo; cuesta pensar que las mierdas que se están conociendo del PSOE se hayan descubierto ahora, la impresión es que eran conocidas y se esperaba el momento oportuno para usarlas. PP y PSOE se postulan como solución, pero son el problema, el bipartidismo trajo esta situación. Alternancia en el poder, reparto de órganos judiciales, la tibieza del PSOE al tomar decisiones para no ofender a ciertos sectores, son polvos que trajeron estos lodos, aunque es preciso aclarar que en mejoras sociales, el PSOE gana por goleada al PP que las rechazó todas. Los logros que encumbraron a Sánchez se deben a una izquierda con la que pese a quitarle el sueño tuvo que pactar y de la que se deshizo en cuanto pudo con la complicidad de una parte de ella mas tibia y manejable, dando facilidades a una oposición apremiada por el Ibex, sin escrúpulos y con muchas vergüenzas que tapar.

El PSOE, con Sánchez o sin él, tiene que volver al camino del primer gobierno de coalición. Ante una derecha carpetovetónica, solo cabe una izquierda fuerte y unida que encare las asignaturas pendientes, renovación democrática de la justicia, vivienda y política microeconómica agresiva para repartir más justamente la riqueza creada.

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