Opinión
Velada solidaria con pulso sinfónico
Un recital en el Jovellanos a beneficio de la Asociación Española Contra el Cáncer de Gijón
Hay citas que, por su vocación y significado, se convierten en ineludibles. La Filarmónica de Gijón, en colaboración con Divertia, lo demuestra por quinta vez al impulsar un concierto solidario cuya recaudación íntegra se destinó en esta ocasión a la Asociación Española Contra el Cáncer de Gijón, una labor imprescindible que merece no solo reconocimiento, sino también el respaldo activo de la sociedad.

Velada solidaria con pulso sinfónico
El concierto supuso además el estreno en Gijón de la Orquesta de la Fundación Filarmónica de Oviedo, formación recientemente creada bajo la dirección de Pedro Ordieres. Desde su propia definición como espacio de encuentro entre músicos de distintas edades y trayectorias, la orquesta evidenció sobre el escenario entusiasmo, cohesión y un prometedor potencial artístico.
El programa, bien elegido para las fechas que se aproximan, abrió con la Obertura de "Alfonso y Estrella", D. 732, de Franz Schubert. La bellísima pieza, poco habitual en las salas de conciertos y relacionada con la monarquía asturiana -todo un descubrimiento-, permitió mostrar la firmeza y seguridad de Pedro Ordieres con la batuta, logrando un buen discurso sonoro y un magnífico empaste de las cuerdas, con Daniel Jaime como concertino y destacado violinista.
La Sinfonía "Del Nuevo Mundo" constituyó el atractivo del programa. Dvorák plasmó en esta obra una síntesis personal entre su lenguaje postromántico y las impresiones recogidas durante su estancia en Estados Unidos, sin recurrir a citas literales del folclore americano, tal y como recogía Pablo Siana en las magníficas notas al programa. La interpretación presentó algunos desaciertos puntuales y la cuerda quedó por momentos eclipsada por la numerosa sección de viento, sin embargo, en su conjunto se resolvió con brillantez. A destacar el Scherzo, que evidenció una orquesta ágil y bien articulada, rematando la sinfonía con el Allegro final lleno de energía y coherencia formal.
Los calurosos aplausos originaron dos propinas: el Danzón nº 2 de Arturo Márquez y un arreglo de "Noche de Paz", original y delicado. En conjunto, un concierto honesto y bien trabajado, donde música y compromiso social se dieron la mano.
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