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Las soluciones no caen del cielo

La zona Oeste de Gijón va recuperando la normalidad después de que el pasado jueves el Ayuntamiento activara el nivel dos del protocolo contra la contaminación. Este nivel dos se trata del más alto que existe y hasta la fecha, desde que entrara en vigor en 2021 el citado protocolo, nunca se había tenido que poner en marcha. Durante algo más de 24 horas, los autobuses de Emtusa ofrecieron viajes gratis para aliviar el tráfico de coches, hubo baldeos en las zonas más castigadas por la lluvia de partículas nocivas para la salud, como puede ser el barrio de El Lauredal, y sobre todo, y lo más llamativo, se restringió el paso de camiones en dirección a El Musel por la avenida Príncipe de Asturias. Una medida inédita, que, junto a la lluvia caída a mitad de la tarde del jueves y sobre todo la madrugada del viernes, contribuyó a que ayer se rebajara el nivel de alerta al cero.

Durante esas 24 horas anómalas, los vecinos volvieron a poner encima de la mesa sus más que razonables quejas por una situación que, como casi todo lo que no mejora, tiende a empeorar. Durante las últimas semanas, la zona oeste se echado a la calle para exigir una solución a los miles de camiones que pasan todos los días por la avenida Príncipe de Asturias en dirección a El Musel. Los propios vecinos también han dejado claro, con buen criterio, que su postura no es en contra de los transportistas, ni contra de la industria, un sector muy relevante para el desarrollo de Gijón y de Asturias. Su postura es la de exigir un compromiso político de quien tiene mando en plaza real para poner coto a este problema y no mitigarlo activando un protocolo. Sin una alternativa seria al más que fallido vial de Jove, una alternativa que tenga proyecto, plazos e inversión firmados negro sobre blanco, las soluciones intermedias, como la humanización de Príncipe de Asturias, quedan en tierra de nadie. Queda un año y medio para la apertura de los colegios electorales. Y los vecinos tienen claro que la solución a la contaminación no viene, nunca mejor dicho, llovida del cielo.

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