Opinión | Comentarios al paso
Recuerdo de Ernest Lluch
Aún resuenan las palabras con las que encaró a un grupo de filoetarras
Entre los alborotos acaecidos durante la anualidad que finiquita, pasó sin pena ni gloria el asesinato de Ernest Lluch a manos de ETA, tiroteado en el garaje de su casa barcelonesa hace 25 años. Aún resuenan las palabras con las que encaró, corajudo, a un grupo de vociferantes filoetarras en la Plaza de la Constitución de San Sebastián. Era 1999, un año antes de aquella abyecta perpetración: "¡Qué alegría llegar a esta plaza y ver que los que ahora gritan antes mataban! […] ¡Gritad más, que gritáis poco, que no sabéis gritar!".
Ernest Lluch, catedrático de Historia de las Doctrinas Económicas, integrante del Partido de los Socialistas de Cataluña (PSC), formó parte del primer Gobierno de Felipe González (1982-1986) como ministro de Sanidad y Consumo, convirtiéndose en el hacedor principal (Ley 14/1986 General de Sanidad) de algo tan crucial como que todos los ciudadanos españoles tengamos derecho a una sanidad pública y universal, piedra angular (siempre mejorable) de las políticas de calado social, antes de que comenzasen los intentos de debilitarla y privatizarla que aún persisten en las Comunidades Autónomas que gobierna la derecha.
Además de intentar corregir (con aciertos y errores) la penosa situación económica de los inicios de la década ochentera, los primeros gobiernos socialistas se centraron en la construcción de un Estado de bienestar español: la educación pública y el fin del analfabetismo (José María Maravall), la protección frente al desempleo y la preparación para universalizar el cobro de pensiones (Joaquín Almunia), y un sistema público de salud encomendado al ministerio de Lluch.
Se sabe que Churchill encargó un informe del que salieron las principales consignas para combatir las cinco grandes lacras de la sociedad británica de su tiempo: la pobreza, la miseria, el desempleo, la enfermedad y la ignorancia, aún perdurables para general baldón. Pero el prestigioso articulista Joaquín Estefanía precisa, al hilo de una breve recensión sobre el desempeño gubernamental de Ernest Lluch, que la inspiración de tales políticas ya surgió a finales del siglo XIX, también en Gran Bretaña, con el movimiento fabiano, precursor del "Estado administrador": un sistema de atención pública desde la cuna hasta la tumba, con el que se aseguraría "un estándar mínimo nacional de vida civilizada […] para todos los ciudadanos por igual, de cualquier clase y sexo, con lo que queremos decir una alimentación suficiente y una formación adecuada en la infancia, un salario adecuado mientras se está en condiciones de trabajar, atención médica en caso de enfermedad y unas ganancias modestas, pero aseguradas para la invalidez y los ancianos".
Y la tele repone "Maixabel", película sobre otra de las 23 víctimas de ETA en aquel mismo año 2000.
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