Opinión
Miguel Poveda enciende la alegría en la Laboral
El repertorio viajó por bulerías, fandangos de Huelva, tangos y rumbas catalanas ante medio aforo
Miguel Poveda, gira “El árbol de la Alegría”. Teatro de la Laboral, sábado, 27 de diciembre de 2025.
A priori, un concierto de villancicos con aires flamencos no parece la propuesta más seductora para asistir a un evento de precio elevado (60 euros de media), especialmente con toda la oferta cultural que ofrece Gijón y más aún en estas fechas propensas a gastos. La entrada lo confirmó: poco más de la mitad del aforo del Teatro de la Laboral se cubrió para recibir a Miguel Poveda. Pero quien conozca al cantaor sabe que su arte trasciende cualquier etiqueta.
Con Poveda, hasta un recital de misas fúnebres podría contagiar alegría. Y eso fue exactamente lo que ocurrió con “El árbol de la Alegría”, el disco de villancicos que presentó en Gijón y que transformó el escenario en un refugio luminoso. El repertorio viajó por bulerías, fandangos de Huelva, tangos y rumbas catalanas, un mapa sonoro diverso que fue impregnando el auditorio de energía festiva.

El concierto de Miguel Poveda en Gijón, en imágenes / Irma Collin
Poveda no estuvo solo: cuatro palmeros-coristas -entre ellos los siempre sólidos Makarines- arropaban su voz, mientras el guitarrista Jesús Guerrero impresionaba como ya es habitual, llenando cada hueco con un toque elegante y poderoso. A su altura, el percusionista Paquito González, preciso y vibrante. La ecualización, impecable, permitió que cada matiz se escuchara con naturalidad, aunque no faltó algún desajuste puntual en el volumen de los coros.
El concierto recorrió las diez canciones del disco e incluyó guiños a repertorios anteriores, como la evocación del universo lorquiano y un sentido homenaje a Cádiz. Ya a partir del tercer tema Poveda alcanzó su plenitud vocal, con el micrófono cada vez más alejado y la voz más rotunda. Entre los momentos más emotivos destacó “Hoy”, dedicado a los seres queridos que ya no están, donde Poveda desplegó su sensibilidad y virtuosismo vocal.
Cercano, locuaz y generoso en escena, Miguel Poveda convirtió una convocatoria que no prometía en un concierto grande: una celebración de la música y, sobre todo, de la alegría. El público se marchó encantado y agradecido por haberse gastado cada céntimo.
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