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Opinión | Tormenta de ideas

Sin propósitos, solo deseos

Seguimos en Navidad. El Año Nuevo está llamando a la puerta y no sé si quiero recibirlo. La verdad es que casi todo me da miedo, porque parece que las cosas en la vida, en la mía y en la de los demás, no van demasiado bien. No se pueden ver las noticias de política: dan verdadero asco. Sientes el dolor de quienes siguen viviendo guerras inútiles provocadas por la psicopatía de algunos que quieren hacerse dueños del mundo. En plena Europa, hay una nación que está siendo devastada desde hace años y, sin embargo, no se sabe bien por qué nadie protesta como en otros casos. Supongo que todo tiene que ver con quién es el agresor y a quién se agrede; es decir, pura política. Política de quienes, de alguna forma, conectan con dictadores y asesinos, envueltos en un olor rancio a comunismo que es lo que ahora "peta".

No quiero hablar más de esta vergüenza de políticos que me está tocando vivir. Para nuestros jóvenes, supongo que todo esto les parecerá normal. Pero los que hemos visto a otro tipo de gente sentada en las Cortes, otro tipo de educación y de respeto, nos avergonzamos de lo que estos supuestos padres de la patria están enseñando a las nuevas generaciones.

Lo único que deseo es un poco de paz para todos aquellos que la necesitan. Que se investigue en medicina y que haya presupuestos más que suficientes para lo que haga falta; que la gente no se muera esperando una operación; que jóvenes y no tan jóvenes puedan acceder a una vivienda, de esas que deberían construirse con los dineros que nos han robado; que se cuide de verdad la salud mental, porque hay que ver lo que están sufriendo nuestros niños y nuestros adolescentes.

Me gustaría que las familias volvieran la vista hacia lo importante: dar a los hijos que crecen a nuestro alrededor lo único que de verdad importa, tiempo. Tiempo de escucha, amor, paciencia, calma. Menos viajes y más presencia. Menos pantallas y más juegos. Menos exigencias y extraescolares, y más tiempo para vivir con ellos: con los niños, los nietos… eso que dentro de unos años ya no podremos vivir. Me he cansado de tener propósitos, porque sé que no los cumplo. Solo quiero estar tranquila, seguir disfrutando de mi familia, reír y llorar, y que Dios me dé el tiempo suficiente para ver crecer a mis nietos, para verlos felices, en un mundo quizá diferente… si se produce un milagro que ya no espero. Y es que eso es lo que tiene la edad: te hace más sabia, sí. Lo suficiente para saber que la esperanza es lo último que se pierde, pero que ese final cada vez está más cerca…y la esperanza, un poco más lejos.

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