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Navidad gijonesa

Afortunadamente, pese a la globalización y esa presión mercantilista que nos mete a calzador la celebración en pleno mes de noviembre, la Navidad gijonesa sigue conservando buena parte de su espíritu y esencia. La iluminación, que mejora año a año, no elude como en otras partes, aunque sí con algo de tacañería, lo motivos religiosos que están en el origen y sentido de esta fiesta. Ahí están el gran Misterio del Campo Valdés, o la estrella del Náutico que este año ganó prestancia con la presencia de los Reyes Magos.

En esta villa, con justa fama de llambiona, no nos falta algún centenario negocio familiar que lleva endulzando con turrones, mazapanes, y demás dulcerías de primerísima calidad, las navidades de unas cuantas generaciones de gijoneses. Como los roscones de algunas de nuestras confiterías han traspasado, con justo mérito, la fama local. Y para qué hablarles de esa sidra achampanada que ya se asocia con estas fiestas dentro y fuera de nuestras fronteras.

La activa Asociación Belenista local también merece el reconocimiento por su intensa actividad para mantener, más viva que nunca, esa tradición artística de lo que en nuestra región se ha conocido, más comúnmente, como "nacimiento". Este año con el magnífico trabajo que recrea el desaparecido balneario de La Carolinas y su entorno de la playa.

No se queda atrás la música. La tradición, de origen austríaco, de recibir el año a ritmo de valses y polcas, ha sido asumida como propia, y se avecinan sendos llenos en las dos galas de año nuevo que, bajo la dirección del brillante gijonés Mariano Rivas, acogerá el Teatro Jovellanos. Aquí el programa se enriquece también, acertadamente, con piezas de zarzuela y ópera. Y llenos absolutos ha conocido también la parroquia mayor de San Pedro en sendos conciertos vocales. El de la Polifónica, el día de Navidad; y el organizado, esta misma semana, por la familia Heredia Álvarez, con el Ensamble Vocal Gijón y el organista Carlos García Álvarez como protagonistas.

En este último esa extensísima y popular familia gijonesa rendía tributo a sus progenitores, unidos en matrimonio hace ochenta años. El entonces contrayente era el doctor Luis Heredia Román, personaje indisolublemente unido a la Navidad gijonesa de la segunda mitad del siglo pasado. Durante décadas, y hasta su fallecimiento en 1975, fue estrechísimo colaborador de nuestros Reyes Magos locales. Triunvirato de eficaces ayudadores que se completaba con otro Luis, Rodríguez Royo, y con Pepe Mijares (José Gutiérrez Mijares). Sus rostros fueron familiares para varias generaciones de niños gijoneses. Siempre he sostenido que nuestra cabalgata, seguramente mejorable en otros aspectos, tiene, eso sí, los mejores Reyes Magos de España. Y la cosa viene ya de lejos, con nombres como los citados que contribuyeron a forjar ese espíritu gijonés de la Navidad, qué ojalá se mantenga por siempre.

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