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Desarmada y desarmante

Esta es la divisa de la paz que nos propone el papa León XIV. Así la deseó para todos, cuando el 8 de mayo apareció en el balcón de la Basílica de San Pedro, recién elegido sucesor de San Pedro. Sorprendieron esos dos calificativos que la acompañan: desarmada y desarmante. Los ratifica en el mensaje de la Jornada de la Paz de este 1º de enero de 2026. Adelanta que ese don proviene de Dios. Es la paz de Cristo, humilde y perseverante. Posible, sí. Poco probable, dado el triunvirato que domina el orden mundial: EE.UU., China y Rusia. Ellos negocian nuevos territorios, no buscan la paz.

Lo de ·desarmada" nos lo ilustra con el pasaje del apóstol Pedro en el huerto de los olivos, cuando al llegar Judas "con las cohorte y los guardias", Pedro tiró de estoque y cortó oreja, la de Malco. ¡Envaina tu espada!, le ordenó tajante Jesús. Él vino a traer la paz por el diálogo y el entendimiento y no por el miedo y las armas.

Señala en esta primera parte la constatación de una sensación de impotencia y visión de una paz muy lejana, dada la agresividad creciente en la vida pública y ¡ojo! en la vida doméstica. La desestabilización planetaria adquiere rasgos dramáticos. Crece el miedo y desaparece la confianza entre gobernantes y naciones. Aumenta significativamente el gasto militar. Preocupante es que la educación, en vez del cultivo de la memoria histórica, sobre todo del pasado bélico del siglo XX, se oriente a la seguridad y defensa armada. Novedosa es la alusión a la IA. Dado el avance tecnológico aplicado al ámbito militar, se puede caer en la tentación de "delegar" a las máquinas las decisiones sobre la vida y la muerte de las personas, renunciando al humanismo jurídico y filosófico esencial en toda civilización. El algoritmo por la conciencia.

"La bondad es desarmante", añade. Y quiere convencer con el hecho de que "por eso, Dios se hizo niño" y se presenta sin defensas. Citando la "Pacem in Terris" de Juan XXIII, insiste en la que la paz no se logra solo con el cese de la carrera de armamentos, ni el desarme general… sino "únicamente con la confianza recíproca". Perece una ingenuidad. Y aquí señala la misión de las religiones: "desactivar la hostilidad mediante el diálogo, trabajando por la justicia y el perdón" y reclamando de los gobernantes la capacidad de lograr pactos y la honestidad de cumplirlos, generando así confianza. ¡Justo lo que hoy no existe!. Inaudito es que se practique la política del engaño, ninguneando la justicia y prostituyendo la dignidad: Gaza, Ucrania, Siria, Sudán Haití, Congo… Y en países que se dicen democráticos incitando a la agresividad y levantando paredes.

Ante este panorama, en vez de caer en el desaliento, hay que sembrar esperanza. Porque la paz existe y quiere habitar en nosotros. Mientras que al mal se le grita "basta", a la paz se le susurra "para siempre".

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